Lena comenzó a cumplir con los deberes reales, de acuerdo a lo pactado Nicholas debía formar parte de la corte real en representación de la manada de lobos, algo que Lena en parte no soportaba.
- Debemos hablar sobre los viajes diplomáticos que debemos hacer, los demás no pueden darse cuenta de que tu y yo no parecemos un matrimonio Lena
- No soy una persona hipócrita Nicholas, simplemente no confío en el… hombre que tengo a mi lado, fíjate ya comenzaste a exigir puestos claves para los miembros de tu manada dentro de la corte real.
- Ya basta Lena, yo solo estoy cumpliendo -Ella sonrió irónicamente-
- Me imagino que cumples con las exigencias de tu tío también, se pasea por el palacio como si fuese el mismísimo rey, le di una orden directa de no entrar al despacho de la reina y simplemente hace lo que quiere
- Hablaré con él
- Eso espero, porque tú Nicholas eres el esposo de la reina -Nicholas tensó su mandíbula, amaba con todo su ser a su mate, pero ya se estaba cansando de Lena lo tratara como un súbdito más-
- Esta noche estarás conmigo -Ella se frenó en seco y giró para verlo sorprendida-
- No quiero estar contigo Nicholas
- Aquí no importa si quieres o no Lena, llevamos seis meses de casados y aun no te embarazas
- ¿Por qué tanto interés en que yo me embarace? Mi madre lo hizo de mi tres años después -Se encogió de hombros- además no estoy segura de tener un hijo contigo Nicholas dada tu… r**a por decirlo de alguna manera
- Ya te lo dije no tiene importancia estas obligada a cumplir con lo pactado si no quieres que estalle una guerra en la que los ciudadanos del reino están en desventaja, así que mi amor, esta noche prepárate porque serás mía -Nicholas rozó con sus labios en el hombro de Lena, toda su piel se erizó, odiaba aceptar que lo extrañaba entre sus brazos, que deseaba que su esposo la tomará en ese momento y olvidarse de todas sus dudas, de toda su desconfianza, deseaba sus besos, sus caricias, ella no entendía muy bien todo aquello del vinculo de un hombre lobo con su mate pero si sabia una sola cosa cada fibra de su ser le pertenecían a Nicholas Ottum.
Nicholas.-
- Tío debemos hablar -Ivar se giró seriamente y alzó la mano para ordenarle al sirviente que lo atendía que se alejara-
- Cuéntame sobrino, felicidades supe que varios de nuestros miembros ya tienen un lugar en la corte
- Sí, Lena me indició que te dio una orden y tu no la cumpliste, quiere que sepas cual es tu lugar -Ivar frunció su ceño-
- Yo no soy cualquier súbdito, soy tu consejero -Nicholas suspiró tocándose el puente de la nariz-
- Eres el consejero del esposo de la reina, es lo único que eres, si sigues haciéndola enojar para mi será más difícil acercarme a ella
- No sabes cómo ansío que quede embarazada para deshacernos de ella -Nicholas le gruñó apretando sus manos en un puño, quería arrancarle la cabeza a su tío por como hablaba de su esposa, pero debía mantenerlo oculto, hasta que Lena le diera un hijo, después de eso se encargaría se exiliar a Ivar su ambición cada día quedaba mas evidenciada y no permitiría que nadie lastimara a Lena-
Lena.-
Cayó la noche y la reina se observaba en el espejo, aplicaba loción en gran parte de su cuerpo ya había estado con Nicholas, pero de solo pensar la noche que tendría su corazón palpitaba como un corcel desbocado. Estaba sumida tan profundamente en sus pensamientos que no se dio cuenta que Nicholas había entrado a la habitación solo usando un pantalón de chándal y su pecho se encontraba desnudo.
- ¡DIOS! -Expresó exaltada poniendo su mano en el corazón- ¿En que momento entraste?
- Hace un rato, solo te observaba eres… exquisita -La miró de arriba abajo con llamas de lujuria en sus ojos-
- Si, pero no te han dicho que puedes matar de un infarto a alguien
- Eso mismo me dijiste la noche que nos conocimos ¿Recuerdas? -Él camino lentamente hacia ella, todo el cuerpo de Lena temblaba ante su acercamiento, su esposo era divinamente guapo, cada parte de su cuerpo estaba muy bien formada y esa mirada, cargada de puro deseo, ya solo estaba a centímetros de su rostro cuando la tomo suavemente por la cintura, sus piernas temblaron y su pecho subía y bajaba intensamente- te he extrañado tanto amor mío -Dijo tocando su cuerpo por medio de la delicada tela de seda negra, rápidamente las caricias de Nicholas surtieron efecto en Lena, sus cúspides comenzaron a erguirse-
- Yo…yo… yo no… -Decía en un susurro que fue silenciado por uno de los dedos de Nicholas rozando sus labios-
- Tú ¿Qué? Quiero que me lo pidas Lena… pídeme que te haga mía -Unió su frente con la suya, el aliento fresco con aroma a hierba buena causaba en ella deseo, se resistía y negaba lentamente, pero ya no podía soportar mas lo deseaba-
- Tómame, hazme tuya -Con esas palabras Nicholas la tomo por su nuca y se adueñó de sus labios, dominante jugaba con su lengua dentro su boca, dejándolos sin aliento, las manos de Nicholas llegaron hasta su trasero con intensas caricias, bajaron hasta sus muslos alzándola, Lena se aferró fuertemente a su cuello y sus piernas a su cintura, fue guiada hasta su cama donde Nicholas arrancó le hermosa bata de seda y encaje n***o, su mirada se tornó mas oscura al ver el exquisito cuerpo de su esposa, rápidamente acercó sus labios a sus pezones y los devoró haciendo que Lena soltara un gemido y arqueara su espalda, mientras introducía su dedo corazón en su zona intima los gemidos de Lena se escuchaban en toda la habitación. Nicholas no soportó mucho deseaba volver a poseerla y estar dentro de ella, se apartó dejando a Lena decepcionada
- Sera solo unos segundos pequeña -Sonrió travieso, quedo completamente desnudo frente a ella, Lena miraba el m*****o erecto de su esposo y en un movimiento involuntario humedeció sus labios y abrió sus piernas para darle paso, Nicholas se acercó acariciando su zona intima con su m*****o y lentamente fue penetrándola ya completamente dentro de ella sus embestidas aumentaron la velocidad – Eres mía Lena, solo mía -Lena jadeaba y gemía, solo se dejaba llevar por el placer que Nicholas le estaba brindando, rápidamente la cambió de posición, poniéndola en cuatro patas y nuevamente la penetro con fuerza, el rostro de Lena se encontraba completamente rojo, pasó de un orgasmo a otro en cuestión de breves momentos, estaba agotada pero quería que Nicholas siguiera fallándola, se estaba volviendo adicta a él y amaba tenerlo dentro de ella.
Sus cuerpos se fundieron en un abrazo apasionado, como si el tiempo se detuviera a su alrededor. Cada caricia era un susurro de placer, cada beso un fuego que encendía su piel. Las manos exploraban con delicadeza cada curva, cada rincón secreto, mientras los gemidos se entrelazaban en una danza de éxtasis compartida.
(…)
Esa noche Nicholas le confesó también que Elin era una mujer lobo, la dejó anonadada, pero al escuchar la historia comprendió, ella amaba a su amiga, nunca tuvo ningún secreto con ella, pero esto tenía que ocultárselo, ya que según Nicholas la transformación de los lobos debe ser natural espontanea en el caso de Elin no sabían que sucedería si se le lanzaba una noticia como esa, pues era una hibrida y había pasado mucho tiempo entre los humanos.