Ciertamente las cosas se habían comenzado a volver un verdadero dolor de cabeza para él, quien no había tenido ni siquiera un minuto de paz para disfrutar de sus bellas damas de compañía. La única solución a sus problemas era ver la muerte de aquella niña tonta, Cadmus no estaba dispuesto a ensuciarse las manos por sí mismo, lo encontraba sin sentido cuando habían tantas personas dispuestas a hacerlo por él a cambio de simples piezas de oro y honor, el cual era gratis de dar. — Estoy cifrando mi confianza en ti. — Cadmus alzó su copa llena de vino en dirección a la figura que tenía frente así, y a la cual veía mediante la proyección de una bola de cristal, notando que aquella persona estaba de rodillas ante el rey. — No me decepciones y hagas que mi brindis a tu salud sea en vano. — No

