Nueve

451 Palabras
— Que horrible — Fue todo lo que pudo decir Emi al respecto tras escuchar la historia, en un descuido se tropezó gracias a Jack, quien de repente la tomó de la mano y la arrastró hasta lo que pareció ser la primera ciudad que encontraron. — No es momento de dormir, llegamos al clan Júpiter. Pero antes hay algo importante que debes tener siempre en cuenta. — ¿Qué? — A nadie le gustan los extraños. — Le entregó una capa con capucha que tuvo que ponerse y él se colocó otra. — Como forasteros debemos pasar desapercibidos por los clanes para poder llegar a Vish, es por eso que si no queremos morir debemos ir por el camino dentro del bosque, que es mucho más largo que solo atravesar los clanes. Todos tenían el cabello color rojo allí, desde el más pequeño hasta el más grande. Aunque Emi los miraba estupefacta ellos le regresaban la mirada con soberbia y de manera extraña. — No te emociones — Habló Jack — Así como los ves son un nido de víboras — Comentó cerca del oído de ella para que nadie más escuchara — Nos delatarán si nos ven demasiado, debemos pasar bajo cuerdas. — ¿Hay algo más que deba saber de ellos? — ¿Conoces la leyenda de Medusa? — Pues no los mires a los ojos, te quemarán en una hoguera si notan que no tienes el cabello rojo. — Le ajustó bien la capucha en la cabeza. — Bien, es hora de continuar. Como era el clan más grande, no había manera de regresar a las afueras sin cruzar en medio de él. Ambos caminaron rápido, gracias a los atajos de Jack encontraron un camino que los llevó rápido a cruzar la ciudad y llegar a la frontera que daba de nuevo al bosque, sin embargo una horda de guardias los rodearon antes de poder cantar victoria, estaban armados hasta los dientes y en medio de ellos una mujer mayor señaló a los viajeros con su arrugado dedo y su cabellera roja cubierta de canas casi invisibles. — ¡Ellos pertenecen a la banda que saquearon el mercado! — Se enojó. — ¡Tienen horas caminando la ciudad de manera misteriosa, son ellos la banda delictiva! — ¡No! Se están equivocando, nosotros no… — Corre. — Susurró Jack cuando ambos levantaron las manos en son de paz, pero fue imposible huir. Estaban rodeados. — Al jefe le gustará esta noticia — Habló uno de los guardias, específicamente el que los amarró de manos y pies para cargarlos entre dos como a sacos de verdura. — Prepárense para su ejecución pública al amanecer. Así fue como no escaparon y fueron llevados a la prisión bajo tierra por un crimen que ninguno de los dos cometió.
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