Las palabras de esa mujer me dejaron helada y luego dieron paso a la furia, no sé en qué momento le di una cachetada que la tumbó al suelo. —No le voy a permitir que hable de esa manera de mi mejor amiga, tenga por seguro que esto le va a ocasionar serios problemas. —¿Cómo te atreves a golpearme? ¡Seguridad! —Ella gritó mientras sostenía su mejilla —¡Esto lo vas a pagar caro! En el momento que la seguridad venía en mi dirección e intentaron sujetarme por orden de esta mujer, fue que una voz llena de autoridad resonó en el pasillo. —¡Señor Sandemetrio! —Miré al hombre al lado de Alessandro —¡Algo le está sucediendo a Colette! Ella aún no despierta. —¿Qué? —Alessandro miró la hora —no te preocupes, aún está a tiempo de despertar; la anestesia que hemos ocupado es bastante pesada. —¡No

