Capitulo Diecinueve

1731 Palabras
Sacudo la cabeza al mismo tiempo que termino de ajustar mi traje de diseñador. Puedo vestirme de la forma que sea, pero me gusta siempre estar bien arreglado y es porque me siento como uno de los hombres más poderosos, es como si el poder estuviera en mis manos y pudiera aplastar a cualquier alimaña que se atreviese en mi camino. Estando listo salgo de mi habitación dirigiéndome a la de Camille. —¿Lista…? —cuestiono al mismo tiempo que toco la puerta. —¡Un momento! —exclama en medio de un grito—. Listo. —Suelta abriendo la puerta. Mentiría si dijera que no causa nada en mí, es preciosa, su rostro angelical mezclado con la dureza de la vida la llevan a ser la cazadora más peligrosa, una tentación andante. Lleva un vestido de gala, su espalda descubierta deja ver aquel tatuaje que hace años la acompañe hacerse. Un ave fénix, ella renació de las cenizas. Su cabello va peinado en una coleta, su maquillaje es sencillo y fuerte al mismo tiempo. Lo que me llama la atención es su cabello rojo. ¿Por qué la peluca? —Estás muy guapa. —Me siento alagada. —Suelta con burla—. ¿Vamos? Sé lo que está haciendo, disfrazar lo que provoco en ella, es lo mismo que ella provoca en mí. Nuestros cuerpos se conocen y se anhelan, pero es solo deseo. Lo peor que puede hacer el hombre es dejarse llevar por el deseo carnal. La fiesta de gala no es lejos del hotel, lo que nos permitió tomarnos un pequeño tiempo de descanso. Subimos al coche y emprendemos el camino en completo silencio. Me guste o no me guste, esta mujer me conoce y es mi complemento ese donde no necesito decir algo para crear una conversación sin sentido. Nada más llegar al lugar de la gala, el valet se encarga de estacionar el auto. Me tomo mi tiempo para recorrer el establecimiento con la mirada. Debo estar alerta a cualquier movimiento y no es porque nos vayan a atacar, es porque no quiero perderme el más mínimo detalle, soy muy observador. —¿Qué es lo que debes hacer? —cuestiono cerca de su oído entrando a la sala. Mi mano está en su cintura de una forma suelta, pero posesiva como si fuéramos una pareja de enamorados. Quizás nunca la ame; sin embargo, estoy seguro de que la quiero más de lo que podré admitir en voz alta. La idea es no llamar la atención, pero tampoco pasar desapercibidos. El salón es lo suficiente grande como para que puedan ingresar muchas personas. Puedo darme de cuenta que la fiesta es una presentación de moda. La pasarela se ve perfecta, con buena calidad de luz, al igual que con una buena extensión de distancia para poder disfrutar un par de minutos del desfile. Por otro lado, hay una mesa con aperitivos y un par de mesas desde donde podemos ver todo sentados. El sitio está lleno de personas con suficiente dinero como para comprar toda la ciudad. ¿Qué cómo lo sé? Sencillo, todas esas personas estiradas tienen su cabeza alta de una forma que se ve superior a la demás. —Disfrutar de la velada. —Susurra tomando asiento en nuestra mesa. Recorro el lugar con la mirada buscando a mi objetivo, pero no la encuentro—. Aún no ha llegado. —Afirma Camille. Ella es la que conoce la información, sigo sin entender por qué Antonio no me lo dijo. Entonces disfrutemos. Sigo sin comprender cuál es la verdadera razón por la que está aquí, algo me dice que no es porque Antonio la enviara. Supongo que es algo personal, su mirada la delata. —No contestaste mi pregunta. —Tu misión y mi misión son diferentes. —Suelta con molestia. Levanto una mano al aire en son de paz. —No preguntaré. Y no es porque no me interese, es porque la respeto. —Gracias. —Suelta con ironía. —¿Sucede algo…? —cuestiono confundido. Sacude la cabeza, pero evade mi mirada—. Cami… —Saldré a dar un paseo. Tomo su mano evitando que se aleje. —Dime. —Sucede que necesito tomar un poco de aire porque el comportamiento del hombre que tengo a mi lado me está confundiendo, ¿Contento…? Asiento apartando mi mano de ella. No estoy haciendo nada malo, pero la entiendo mejor que nadie. La veo marcharse y me siento idiota porque no debí volver acercarme a ella. Algo me dice que tarde o temprano terminaremos en una cama teniendo sexo y no quiero eso porque lo último que quiero es lastimarla. Ella no es una mujer llamativa, pero sí tiene el porte de seguridad, sobre todo cuando menea su trasero de un lado a otro tal como lo hace ahora. Es su forma de ser lo que hace que nosotros los hombres perdamos la cabeza por ella. Me acomodo en el asiento. La mesa en la que nos sentamos no está lejos, pero tampoco está tan cerca, es el punto adecuado para no perder nada de vista. Soy muy observador, pero en este caso hubiera preferido no darme de cuenta de su presencia. Todo marchaba bien hasta que la veo. Lleva un vestido largo de gala azul brillante, es escotado al mismo tiempo que tiene un corte en la pierna derecha permitiéndonos ver su piel morena, su cabello corto rubio platino se menea de un lado a otro mientras saluda con una sonrisa de cortesía a las personas. Es un imán que atrae cualquier mirada, en especial la mía, y me odio por ello. Es moda. ¿Cómo no pensé que ella estaría aquí? Su porte es el de una mujer segura, una mujer que nunca bajo la cabeza, una guerrera. Una parte de mí se siente orgullo porque conocí una versión de ella que siempre bajaba la cabeza, era eso o una excelente actriz. Desde que regrese la he visto muchas veces, pero no envuelta en su mundo. Aprieto mis manos con fuerza cuando la vea del brazo de aquel idiota, quiero molerlo a golpes, pero para mi desgracia debo recordar que es el protegido de la garrapata, eso y que también es mi amigo. —¿Todo bien? —cuestiona la voz familiar de Camille a mi espalda. —Sí, la estoy pasando de maravilla. —Exclamo con sarcasmo. Sí, su sola presencia me cambia de humor. Emma tiene el efecto de ponerme de malas, sobre todo desde que la volví a ver. Cada vez que la veo recuerdo que me vio la cara de estúpido, recuerdo lo imbécil que fui por confiar en ella. Sí, han pasado muchos años, pero no acepto que me rompiera el corazón cuando lo daba todo por ella. Camille deja salir un suspiro dramático, creo que es más para mí que para ella, luego de unos segundos toma asiento a mi lado. —Está muy hermosa la velada. —¿Qué bicho le pico? —De maravilla. —Vuelvo a soltar con sarcasmo sin apartar la mirada de Emm. —Si estás tan mal podemos ir a mi apartamento. —Pasa su mano por mi brazo tal como lo hacía en aquella época. Mi cuerpo se tensa porque la oferta es tentadora, pero no—. Recordemos viejos tiempos. —Suelta con burla llamando mi atención. Ladeo el rostro encontrándome con su mirada llena de diversión, ese solo acto me hace sentirme tranquilo. —En otra ocasión. Le sigo el juego cuando veo en sus ojos la burla, no está hablando en serio, solo me ha visto un poco tenso. Ella ha salido por un poco de aire buscando apartar la confusión que provoco en ella y ha terminado controlando mi mal humor. —Ya no quiero. —Sonríe al mismo tiempo que se sienta a mi lado—. ¿Qué le miras? Ladeo el rostro correspondiéndole la mirada, hay una mirada dura. Nunca le hable de ella, pero puede que ahora esté uniendo los hilos que estaban cortados con tijera. —Es mujer, ¿No? —Sabes bien a lo que me refiero. —¿A qué te refieres? —Mey… Tomo un vaso de agua que hay en la mesa y comienzo a jugar con él evadiendo la mirada de mi compañera. —Es solo una mujer. —No es solo una mujer. —Asegura lo que me lleva a verla por un par de segundos—. Vi esa mirada hace años y quizás la siga viendo ahora. —No vayas por ahí. —¿Por qué? —cuestiona retándome con la mirada. —Porque no sabes nada. —Háblame, quiero saberlo. Tenso cada uno de mis músculos. Está invadiendo mi espacio y ella sabe muy bien lo que sucede cuando se excede. —Estamos en una misión. —Le recuerdo. —¿Fue por ella que me dejaste, no? —le ofrezco mi silencio—. Y yo de tonta creí que era la hija de Antonio. —Suelta con ironía observándola. Mis ojos vuelven a la mujer que daño mi corazón. Está tan hermosa que mis ojos arden por su brillo, me hubiera encantado que brillara a mi lado. Quise ser la persona que la ayudara a iluminar el mundo, pero ella quiso ser un sol y quemar a todos. —Que ganas con saber esto. Se recuesta de modo relajado en el asiento. —Conocer un poco más de la verdad que no me dijiste en aquel tiempo. —Han pasado dieciséis años. —Le recuerdo. —¿Por ella volviste conmigo, no? Nuevamente silencio. Luego de que ella firmara el divorcio, volví con Camille, pero las cosas no funcionaron y cada uno siguió con su camino. —Sí, ¿Contenta? Sacude la cabeza en negación. —¿Qué te hizo? —Nada. —Manson. —¡Basta! —gruño entre dientes tratando de no llamar la atención. Niega mirándome indignada. —Está bien, no preguntaré más. —Gracias. —Suelto con ironía. Vuelvo a recorrer el lugar con la mirada, en esta ocasión encuentro alguien conocido. —Objetivo a la vista. —Habla Camille acomodándose en su asiento. Recorro todo el sitio con la mirada buscándola—. Cabello castaño rubio, vestido rojo. La encuentro. Y joder, me quedo con la boca abierta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR