A la mañana siguiente Chiara se despertó para la hora del desayuno. Se vistió con un vestido ligero y unas sandalias chatas y fue al salón, pero para su sorpresa el conde no estaba allí. Cuando Pauline la vió llegar y le trajo el té fue inevitable para ella preguntarle. —¿Y el conde? — Pauline puso cara de circunstancia. — El conde está preparando sus maletas . Le llegó un mensaje de los Emiratos y debe marcharse con urgencia.— le dijo de manera escueta. — Pero ¿cómo? no entiendo...— la italiana la miró con sorpresa Pauline rehuyó su mirada con vergüenza. — No tengo más información para darle señorita... si quiere hablé directamente con milord... él está en su habitación.— —¿ Está preparando las con su marido Pauline?— El ama de llaves levantó su cara y sonrío. — No , al señor le

