Pero ¿qué ganaba con eso? Podría perder su empleo e, incluso, la cercanía a su propia prima Rebeca. Rebeca, en tanto, se sentaba en la biblioteca con un vaso de licor en la mano, sonriendo con una satisfacción casi cruel, sabiendo que Luciano se encontraba más atrapado que nunca. Su mirada se posó en la ventana, donde un atardecer teñido de naranjas y púrpuras cubría el cielo. Ella parecía no temer. Disfrutaba su victoria, sintiéndose en control absoluto de la situación. El destino se acercaba con la llegada inminente de Linda. El choque entre la heredera de Altamirano Gourmet y la madrastra que controlaba cada rincón de la casa estaba a punto de desencadenar un nuevo torbellino. Y en medio, Luciano, cada vez más hundido en un amor desenfrenado y peligroso. En la despensa, con las

