Aquel día, Luciano se encontraba sumergido en la experimentación de recetas para Altamirano Gourmet. Recientemente, Linda le había comunicado que él estaba en la mira para asumir el puesto de chef principal, una oferta que combinaba su sueño culinario con una realidad cada vez más complicada en su vida personal. Mientras picaba verduras y revisaba salsas, sentía un nuevo impulso de determinación, como si cada corte y cada mezcla despertaran en él una fuerza inexplorada que desafiaba sus miedos pasados. La noche anterior había dejado su huella: ya no se consideraba solo una víctima, sino un jugador que podía imponer sus propias reglas. Fue en ese instante cuando su teléfono vibró encima del mesón de la cocina, emitiendo un zumbido suave que él atendió de reojo. Al ver el nombre de Estela e

