—Linda… —murmuró Luciano, apretando los labios, como si la garganta le ardiera con las palabras—. Quiero pedirte perdón por lo que pasó. Ella no lo miró. Volteó el rostro hacia la cámara, manteniendo una sonrisa plástica que no alcanzaba a sus ojos, y murmuró sin mirarlo. —No es el momento. Esa frase, seca y distante, le cortó el aliento como una cuchilla. La sesión de fotografías terminó con Carlo al frente, gritando con teatralidad. —¡Enhorabuena, top 10 de parejas! Las luces parpadeaban con intensidad, pero nada lograba disipar la tensión que ardía entre Linda y Luciano, instalada como una brasa entre la nuca y el pecho. El éxito culinario no había servido para suturar viejas heridas, y el silencio que siguió fue más estruendoso que cualquier reproche. Ambos se alejaron sin

