El duro precio de la libertad

1717 Palabras

Quizás el golpe a Rebeca la había dejado incapaz de moverse. O tal vez prefería destruirlo lentamente, como una araña paciente que espera a su presa. No importaba. Tenía que huir ya, mientras aún podía. Metió el cambio. El vehículo vibró como si compartiera su ansiedad. Pisó el acelerador con decisión. Junto a él Estela, demostraba lo que sentía, las lágrimas le recorrían las mejillas, brillando con la tenue luz que el jardín proyectaba dentro de vehículo. Su pecho subía y bajaba con esfuerzo. Luciano la notó. Por un segundo, sus ojos se cruzaron. Pero no se detuvo, no podía. Apretó el volante con fuerza. El corazón le latía desbocado, la mandíbula le temblaba. Pero en medio de todo, algo nuevo florecía en su interior, alivio. Cuando cruzó el portón de hierro y enfiló la carr

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