No estoy para revivir el pasado

1442 Palabras

Luego, la cámara giró con un barrido elegante hacia una figura que irradiaba dulzura, Dulce Bermúdez, una repostera carismática cuya sonrisa conquistaba con la misma facilidad que sus tortas hiperrealistas en i********:. Llevaba el cabello recogido con un pañuelo pastel, y su delantal tenía bordado su nombre en hilos color lavanda. Saludó al público con entusiasmo, como si el plató fuera su casa y los espectadores sus comensales habituales, ganándose de inmediato una ronda de aplausos cálidos. Se especulaba que su actitud maternal y su encanto innato le permitirían aliarse con cocineros talentosos, formando conexiones genuinas que podrían impulsarla hasta la final. A continuación, el foco iluminó a Samuel Ortega, un hombre de rostro curtido, canas nobles en las sienes y una serenidad q

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