Detente

1526 Palabras

Lejos de allí, en la Plaza de Milla, Luciano caminaba con un cigarrillo entre los dedos, la brasa brillaba como un pequeño faro en la oscuridad. Necesitaba esa efímera distracción para calmar la mente, aunque sabía que el humo no disiparía los problemas. Cada bocanada se mezclaba con el aire templado de la noche, que tenía ese aroma a tierra húmeda y buganvilias que solo Mérida conoce. En la plaza, apenas quedaban un par de farolas encendidas, dibujando sombras alargadas sobre los adoquines centenarios. Las ramas de los árboles susurraban con la brisa, y la ciudad dormía… pero no sus pensamientos. Luciano no se atrevía a llamar a Linda ni a nadie; su orgullo era una piedra en el pecho, y la incertidumbre, una venda en los ojos. Se pasó la mano por el cabello, despeinándolo más, pensando

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