Es hora de acabar con esto

1575 Palabras

Esa noche, la pasión simulada y las mentiras quedaron selladas en video. Y cuando él se quedó dormido, con el rostro relajado y el cuerpo desnudo sobre las sábanas, Linda se levantó, envuelta en la sábana como una diosa vengadora, recogió con cuidado las tarjetas de memoria de las cámaras y las conectó a su portátil. Revisó algunos fragmentos, observando su propia actuación con mirada analítica. Allí estaba él, besándole el cuello, prometiéndole viajes, matrimonios, futuros inexistentes. Suspiró, sintiendo el corazón desgarrado pero firme. “Te hundiré, Tomás. Te hundiré y me libraré de tus migajas,” pensó mientras copiaba los archivos a un disco duro externo. Detrás de la rabia, latía un dolor más profundo, la repetición de una historia que parecía perseguirla. Pero esta vez sería l

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