XV.

1485 Palabras
Se enteró de la organización de Kaiser un año atrás, cuando prefirió ir a un bar en vez de hacer otro pedido a domicilio de comida china a un local que ni siquiera cocinaba los fideos bien. Era sábado por la noche. El bar quedaba a pocas cuadras de su edificio y las calles eran lo suficientemente iluminadas como para atravesarlas sin temer. Ingresó al lugar intentando camuflarse entre la gente, que caminaba desde la barra hacia la mesa de pool y viceversa. Un pelirrojo le llamó la atención. No era demasiado llamativo bajo las tenues luces del local, pero definitivamente resaltaba entre las personas cuyos colores de cabello eran opacos y comunes. El pelirrojo jugaba billar acompañado de una mujer que aparentaba ser de su misma edad. Taehyung lo observó, cómo aceptaba un cigarro de la muchacha y luego golpeaba la bola ocho con increíble precisión. Wow. —¿También tienes un crush con el muñequito con pelo de payaso? Taehyung parpadeó desconcertado, volteándose hacia el origen de la voz desconocida y hallándose frente a una mujer rubia que bebía un martini. El castaño se apoyó en la barra, mirándole extrañado. —¿Disculpe? —No te hagas el despistado— dijo sonando divertida con la situación. Taehyung ignoraba el hecho de que estaba casi completamente ebria—. Te vi mirando a Kaiser. Es guapo ¿no? —Oh— musitó, comprendiendo que se refería al pelirrojo del billar. Dudó un poco y finalmente optó por ser sincero con la mujer—. Sí. Creo que sí. Me gusta su color de cabello. —Créeme, todas las idiotas en este bar lo aman. Ponte a la fila— bufó—. Aunque es mejor así ¿sabes? Kaiser no te conviene. La preocupación en la expresión de Taehyung fue genuina. —¿Es malo? —Peor aún: es demasiado bueno— El castaño frunció el ceño. ¿Cómo ser bueno era malo?—. Forma parte de la organización pro vampiro. Ya sabes, esos imbéciles que creen que apoyando a los vampiros, salvarán a su propia especie. —No sabía que esa organización existía— susurró con asombro. La mujer se carcajeó, al punto de atorarse, y bebió nuevamente de su martini. —Pues es real, niño. Y debes tener cuidado. Son ellos los que iniciarán la segunda guerra. —Pero... ¿ellos no quieren paz? —Claro que no. Ellos quieren que los vampiros se crean otra vez con el poder de pasarnos a llevar... No olvides mis palabras. Cuando el moderador sea un vampiro, esta ciudad arderá otra vez— Taehyung se mordió el labio inferior, sin poder evitar la preocupación que albergó su mente al pensar en otra guerra. La risa de la mujer lo trajo de regreso a la realidad—. Parece que le interesas a Kaiser, niño. Giró la cabeza en dirección a la mesa de pool y su mirada se encontró con la del pelirrojo, hallando un brillo rojizo y familiar en los ojos de éste. Como el vampiro. La memoria casi olvidada del pelinegro surgió, sacudiendo su cuerpo de pies a cabeza, con el recuerdo de su mirada enrojecida antes de morderlo. Tardó un instante, para que el rojizo que creyó ver en los ojos de Kaiser se desvaneciera, pareciendo una alucinación, dejando solamente un sabor amargo en su boca y un nudo que aún no sabía desanudar atrapando su garganta. —Diviértete— le dijo la mujer del martini, para luego retirarse del bar. Entre sus intenciones no se hallaba el meterse en líos innecesarios, mucho menos buscárselos él mismo. El tiempo que había vivido en la ciudad, lo había pasado con calma, su perfil bajo y evitando causar problemas a las personas de su entorno. Prefería ser invisible para ellos que un blanco fácil. No obstante, también había aprendido que si no se movía hacia donde le llevaran sus ideales, acabaría por perderse en la multitud, sin encontrar el camino indicado, sino más bien el que los demás querían que siguiera. Si ese camino, era tachar a los vampiros nuevamente como bestias irracionales, prefería retirarse y alzar la voz. Buscando fortaleza en la memoria del pelinegro, se acercó a la mesa de billar con la mirada fija sobre el tal Kaiser, quien sería la puerta a la lucha que deseaba defender. Una organización que le permitiera a los vampiros existir sin ser atacados por los medios. Tratando de convencerse de que sus motivos nada tenían que ver con su necesidad de proteger a Jungkook, tocó el hombro del pelirrojo y exhaló. Formar parte de una organización en pro de la especie, era peligroso y probablemente uno de los mayores errores que podía cometer. Mas no fue capaz de retractarse cuando los ojos de Kaiser se iluminaron ante su petición indiscreta, incitándole a unirse a aquel círculo de humanos que intentaba bajo toda circunstancia resguardar la paz forjada entre ambas especies. ▪️▪️▪️ Desde aquel momento, sintió cómo su vida se tornó diferente. La soledad a la que se había acostumbrado en pocos meses, se vio resquebrajada por la presencia constante de Kaiser en su departamento y en los mensajes que atestaban su teléfono. Su primera impresión sobre el pelirrojo, resultó ser bastante errada a su verdadera esencia. Kaiser no era un sujeto cerrado ni misterioso, no respetaba su espacio personal, no conocía lo que era llamar a alguien a una hora prudente y sorprendentemente no era tan bueno en billar como creyó que sería. En cambio, era alguien agradable y optimista, que confiaba en el progreso que podían lograr. Kaiser cuidaba de Taehyung sin que siquiera tuviese que pedírselo, porque aparentemente el pelirrojo tenía un punto débil por el castaño que no podía ignorar aunque desease hacerlo. Para Taehyung, Kaiser era la mejor compañía que pudo haber pedido en una ciudad en la cual no conocía a nadie. Por ello, por todo lo que Kaiser hacía para con él, prometió apoyarlo incondicionalmente, fuese lo que ello significara para ambos. En aquel instante, viendo a Kaiser con los ojos desorbitados y buscando una explicación coherente para los secretos de su abuelo, sintió que su apoyo quizás no sería suficiente para el enredo que debía ser su cabeza, mas era lo único que podía ofrecer. —¿Crees que...?— La respiración de Kaiser era pesada y Taehyung sostuvo sus manos temblorosas para darle firmeza—. ¿Crees que fue este vampiro lo que ocasionó la guerra para empezar? —Si lo que estás buscando es culpar a la organización de tu abuelo por lo que ocurrió un siglo atrás, debo pedirte que dejes de hacerlo— dijo con voz tranquila y suave, intentando que Kaiser normalizara su propia respiración—. Podemos investigar si es lo que quieres, podemos... buscar en estos libros por una respuesta. Pero no especules ni tomes decisiones precipitadas. ¿Entiendes? —Tae...— musitó acongojado, antes de envolver sus brazos alrededor del castaño y apretarlo contra su cuerpo, buscando la estabilidad que aquella habitación le había arrebatado. Taehyung acarició la espalda del pelirrojo en silencio y pudo percibir cómo la respiración de Kaiser por fin volvía a regularse. Era comprensible que se sintiera abrumado por los secretos desvelados tan abruptamente, sobre todo si involucraban a un familiar cercano. Tomó distancia para enfrentar a Kaiser, notando las pequeñas lágrimas que colgaban del borde de sus ojos. Taehyung acarició su mejilla con timidez y esbozó una sonrisa tranquilizadora. —Si no quieres estar aquí, podemos irnos. Kaiser lo observó por un breve momento, con un asentimiento positivo como respuesta. —Creo... que es demasiado para digerir. —Lo es— concordó guiándolo fuera del cuarto. La mano de Kaiser continuaba afirmando la suya—. No hay prisa. Esos libros seguirán ahí mañana. —Eso es lo que me aterra— susurró atravesando la entrada del edificio. Ambos voltearon hacia la edificación, viéndola una última vez antes de montarse a la motocicleta y partir en dirección a la casa de Yongsun. Taehyung se removió en su sitio, sintiéndose irremediablemente inquieto por lo sucedido y siendo incapaz de reprimir el presentimiento de que aquel vampiro que se había integrado a la organización en el pasado, se hallaba de cierta forma conectado con la existencia del pelinegro. Por supuesto, las posibilidades de que estuviera en lo correcto, eran ínfimas. Y lo único a lo que podía atribuirle aquel extraño presentimiento, era a lo mucho que el vampiro le hacía falta pese a por fin creer que no le necesitaba. Kookie... Su corazón dolió ante el recuerdo y Taehyung acercó su nariz a la nuca de Kaiser para aspirar su aroma, en un miserable intento de olvidar lo dulce y familiar que Jungkook olía refugiándole entre sus brazos, lo bien que se sentía cuando aquel aroma a hogar lo envolvía y le hacía sentirse a salvo.
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