55. La cola delatora

1743 Palabras

MIENTRAS TANTO EN EL PALACIO REAL Apenas había acabado de amanecer en su totalidad cuando Acaz abrió sus lupinos ojos grises. No necesitaba tener un reloj solar o de arena para saber que ya eran las seis de la mañana, mientras en la tranquilidad del dormitorio, su imponente forma lobuna de pelaje blanco como la nieve descansaba junto a Ofelia, su Fae. En ese instante, él la observó con una mezcla de fascinación y ternura que jamás admitiría, estudiando cada detalle de su rostro sereno mientras dormía. Su instinto lobuno lo traicionó cuando, cediendo a un impulso casi irresistible, acercó su húmedo hocico para rozar con delicadeza los mechones de cabello cobrizo que se esparcían sobre la almohada. El sutil contacto fue suficiente para que la hada comenzara a despertar. Sus párpados tembla

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