51. El odio heredado

2034 Palabras

Con pasos pesados por los deseos homicidas, se detuvo frente a un sirviente en los pasillos: —¿Dónde está el príncipe Acaz? —demandó el rey, su voz teñida de una calma mortal. —Lo vieron en la jaula de los leones, con sus mascotas, su majestad. Joram ni se molestó en agradecer, dirigiéndose con pasos furiosos hacia el recinto de las bestias felinas. Al llegar, encontró a su hijo transformado en lobo, como era su costumbre, descansando con los leones como si fuera parte de su manada. El hocico ensangrentado y los huesos esparcidos evidenciaban una reciente matanza, aunque la ausencia del cráneo entre los restos hacía imposible identificar a la víctima, un detalle que Joram, cegado por su ira, decidió ignorar por el momento. —Acaz —llamó desde fuera de la jaula. Al instante, el imponent

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