91. Visitando al lobo

1946 Palabras

Ofelia se despidió de él y permaneció inmóvil junto a la puerta hasta que los pasos de Endrian se perdieron en la distancia, mezclándose con los sonidos nocturnos de la fortaleza. Solo entonces cerró la puerta de su habitación con suavidad y se dirigió hacia su cama, donde se sentó con un suspiro contemplativo. A pesar de la hora, no sentía ni una pizca de cansancio. Sus días últimamente habían sido largos y monótonos, por eso el haber usado sus poderes de curación tan intensamente la había hecho sentir útil y realizada por primera vez en mucho tiempo. De manera distraída, ella se observó las manos, que mantenían su forma de hada, pero sin el característico brillo dorado que solía envolverla. Había notado cómo ese resplandor afectaba a los caballeros, la manera en que se volvían más cerem

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