EN ESE MISMO INSTANTE, PERO EN EL TRONO REAL DE WOLFGARD Mientras la reina disfrutaba con su amante prohibido en sus aposentos reales, en el Salón del Trono ocurría un escenario completamente diferente. El gran Salón estaba lleno con la energía de docenas de lobos esperando su turno. Acaz, desde su trono de piedra, madera y hierro, presidía las audiencias reales —una tradición tan antigua como Wolfgard mismo—. Era el momento en que su pueblo podía acercarse directamente a él, buscando justicia o presentando disputas que solo el rey podía resolver. Estas sesiones podían extenderse durante horas. Acaz escuchaba cada caso con atención, pensando cada palabra antes de emitir los veredictos que se convertirían en ley para su gente. Entre la multitud, un movimiento captó la atención general cu

