Emilia Aguilera Fui a la dirección que me dio, un edificio gigante de vidrios azules, entre y en recepción estaba Bastián, me entregó una tarjeta y me acompañó hasta el ascensor. — ¿Eres su perro guardián? — Me paga bien. — Responde y ruedo de los ojos, subo al ascensor, observo la tarjeta para mirar el número y voy al piso 60. Cuando el ascensor se detiene salgo de él y camino por el pasillo hasta donde está la Suite, pongo la tarjeta en la manecilla digital y entro, al estar el departamento porque si, la habitación parece un departamento, está completamente iluminado, escaneo con la mirada, avanzo y logro ver en la cama; y como la primera vez tiene una caja sobre ella con un obsequio para mí, ya me puedo imaginar que es algún tipo de lencería erótica. Como que tiene algún tipo de fe

