Lisa Los pensamientos se agolpaban en mi mente mientras caminaba hacia casa, con la cabeza gacha. ¿Qué iba a hacer con el semen de Enrique? Todo tipo de pensamientos desagradables se arremolinaban. ¿Beberlo? ¿Suavizarlo en mi coño? Las visualizaciones me hicieron estremecer, con las entrañas apretándose hambrientas. Porque ahora soy una puta y no tengo suficiente. Tomaré todo lo que me dé el gran hombre. Pero cuando llegué a la puerta de mi dormitorio, la luz estaba encendida. Inmediatamente, se me cayó el alma a los pies. Quería estar sola. Quería contemplar aquel momento de intimidad yo sola, hundir los dedos en el blanco pringoso y rememorar, haciéndome sentir mejor en la intimidad. ¿Qué era esto? ¿Por qué mis compañeras de piso habían decidido quedarse en casa? Era sábado por la

