Lucas —¡Victoria, nos vamos a casa! Sus ojos estaban rojos de tanto llorar. —Pero por favor, no nos vayamos mientras Rojin esté adentro. Seguiré pensando en ella. Prometo que no haré nada. Te lo suplico, Lucas. A pesar de su súplica, teníamos que irnos. No podía quedarse allí. —Mis padres están en camino. No deberían verte. En resumen, no deberías estar aquí. Su expresión se entristeció mientras me miraba con lágrimas en los ojos. Negó con la cabeza, angustiada. —Tienes razón. No debería estar aquí. Este no es mi sitio. A pesar de sus palabras, no podía quedarse allí. —Vámonos. Ella caminó delante de mí. Coloqué mi mano en su cintura y la guié apresuradamente fuera del hospital. Era crucial que mis padres no la vieran allí. Mi prioridad era localizar a su familia antes de que mi

