Cuando entre en la casa al primero que vi fue a Klaus, no pude evitar sacar medio cuerpo por la puerta para ver la calle, ni siquiera me fije en la camioneta negra aparcada a una distancia prudente de la casa. ¿Creyó que no vendría si sabía que estaba aquí? Era una pregunta que me hice y que sabía no me contestaría nadie. Klaus camino hacia mí y me abrazo tan fuerte que me despego unos centímetros del suelo, estaba utilizando tanta fuerza que sentí que me había pegado ambas costillas. Susurre su nombre, pero ni así me soltó, yo no lo estaba abrazando, había dejado los brazos colgados al costado del cuerpo. ¿Cómo se suponía que debía reaccionar ahora? El seguía siendo Klaus, el hombre que amaba, mi jefe y en cierto modo mi compañero, pero ya no mi esposo, había dejado de serlo en el m

