Salí del consultorio hecha un manejo de nervios, tenía las emociones a flor de piel, había decidido algo que me marcaria para siempre... igual que a Klaus. Llegue a la casa de mis padres a decirles la noticia, necesitaba con todas mis fuerzas contárselo a alguien o explotaría y al final, que mejor que ellos. - Eve, ¿por qué no estás trabajando? - pregunto mi madre en cuanto me vio confundida frente a su puerta tan temprano. - Hoy no fui a trabajar. - dije, dejando mi bolso y abrigo que había traído sobre una de las sillas del comedor. - Fui al médico. - termine restándole importancia. - tengo algo que contarte, pero debes prometer que no dirás nada. - ¿Te encuentras bien? ¿Estas enferma hija? - pregunto mirándose angustiada, al final termino poniendo su mano izquierda sobre mi frente.

