Habían pasado dos meses desde aquella loca noche. Aun pienso cuando desperté y los recuerdos vagos inundaron mi mente, el vómito, todas las estupideces que había dicho y la noche de pasión que había tenido después. Creo que lo peor de todo había sido el hecho de perder mis anillos de boda, porque, aunque sabía que no debía usarlos ya; significaban muchísimo para mí; pero había sido tonta, lo reconocía. Salí de esa casa como a las 4 de la mañana, deseando que nadie me viera y agradeciendo que al final solo lo hizo un guardia sin importancia. Le había dado a Klaus un último beso, el cual había seguido plácidamente durmiendo antes de irme. Vagué sola por la calle como una hora, reprochándome a mí misma lo mal que había actuado, hasta que apareció por fin un taxi, donde sin dudas seguí r

