Pov. Kiara
Desperté está vez en un duro colchón cuando lanzaron a mi rostro agua fría.
- Despierta bella durmiente - una voz femenina me sobresalto y abrí los párpados ubicandome dónde estaba mientras retrocedía hacia el espaldal de la cama, recordando lo todo.
- El Rey mando a que te trajera comida- señala la mujer hacia la bandeja que trae en sus manos y mi estómago en respuesta gruñe sin que pueda evitarlo, haciendo que ella ría y las arrugas vallan a su rostro.
Es una mujer mayor, no tanto como mi abuela. Pero sus rasgos son del tipo delicados llenos de sabiduría, ojos marrones, cabello blanco perfectamente recogido y vestimenta completamente negra con un delantal.
No tiene pinta de ser un monstruo, ni nada extraño. Pero aún así vive aquí con estos monstruos.
- ¡No quiero comer!- aparto la bandeja cuando intenta acercarla a mi y está cae haciendo un ruido espantoso que derrama toda la comida por el piso blanco así como por las sábanas del colchón y parte de su falda.
Sus ojos se cierran y espero el estallido que me golpee, que me insulte o que haga algo pero en cambio solo suspira para luego hablar con demasiada calma como si yo fuera una niña pequeña que está ocupando su tiempo.
- Al Rey no le gustará que se muera de hambre, pero si es su deseo no puedo hacer nada.-
- Lo que menos me importa es su rey, el es un monstruo y esto es secuestro. Deberías ayudarme a salir de aquí- le suplico tomando sus manos. Pero su mirada es ahora de lastima mientras niega.
- Este es el destino y tú nunca podrás escapar de él, como yo nunca pude. La Diosa luna siempre trasa nuestro camino.
Es todo lo que dice antes de dejarme sola y mandar a dos chicas en a penas diez minutos a limpiar todo el desastre.
Mis posibilidades de volver a escapar se ven nulas cuando fuera diviso a dos guardias en la puerta; al igual que las chicas que ignoran mis súplicas de ayuda.
Pov Federick
Ya es el segundo plato en el día que vira por la habitación. Es tan terca esa pequeña humana que está a punto de acabar con mi paciencia cuando Isora me informa que se niega a comer desde ayer. Pero juro que esto no pasará de hoy, aunque le tenga que dar cincuenta latigazos por su insolencia. A caso se cree que la muerte la sacará de aqui, después que tarde tanto en encontrarla.
Hasta mi lobo se encuentra furioso y araña mi mente de acuerdo con todas las emociones que me recorren.
Mi plan en la mañana era discutir con mi Beta los nuevos ataques en la frontera por parte del Rey vampiro, pero por primera vez mi mente no está en matar a esos chupasangres.
Si no que me encuentro maquinanando las mil y un maneras de hacerla comer.
"Podríamos atarla a nuestra cama"- sugiere Velmorm gruñendo.
Y me atragantó con la bebida que llevo a mis labios solo de imaginar su piel nuevamente en unas esposas pero está vez en mis sábanas.
- ... podríamos comenzar por el Sur es donde más fuerte se encuentra el rastro. ¿Me estás escuchando?- Alex me da su tercera mirada cabreada y lo ignoro
- Continúa- ordenó y él solo sé me queda mirando en silencio.
- Vas a seguir ignorando el hecho de que encontraste a nuestra luna- repone a cambio y me enfurece que sea tan entrometido.
- ¡Ese es mi asunto!. Nadie fuera de este castillo e incluso algunos de dentro deben saberlo.
- Pero Federick, eso es cuestión de tiempo además el vínculo es muy fuerte. Y muy pronto la manada lo sentirá y más si lleva a tus cachorros.
- Eso no pasará es muy débil. No quiero una reina débil a mi lado, así que no me toques más el tema- gruñi y Alex se resigno, sabía muy bien que es inútil rebatirme.
El en cambio había encontrado una digna pareja para un Beta, una loba fuerte de la manada vecina que muy pronto le daría cachorros.
Y yo ni si quiera sé todavía si esa pequeña humana lleva mi linaje en su vientre, hice que él médico del castillo la examinará cuando se desmayó y la lleve a una de las habitaciones de invitados, pero sus palabras fueron muy claras.
Al ser ella humana, era muy pronto aún para saberlo. No pasaba igual que con las lobas que al momento del apareamiento se sentía el cachorro en su vientre. Así que solo quedaba esperar, igual no sé si alegrarme porque no sé encuentre en cinta ya que las mayorías de las mates humanas registradas terminaban muertas en el parto.
"Ella no va a morir"- gruñe mi lobo en mi cabeza.
"No deberias haberla marcado"- replicó a cambio.
De todas maneras ya había mandado al médico a averiguar de los posibles nacimientos de los cachorros híbridos en las otras manadas, al igual que la esperanza de vida.
Que se muera esa pequeña humana no es una opción, como tampoco dejarla ir a su vida normal. Está sería su nueva vida, como esclava en mi palacio bajo mi mando.
- Señor disculpe que los interrumpa, pero ya tenemos lo que nos envió a buscar- me informa Sirus uno de mis mejores hombres mentalmente.
- ¿Ya las acomodaste?-
- Si señor como usted mando-
Corto la conexión mental complacido y miro a Alex que espera interrogante.
- Te doy el día libre como ayer, tengo asuntos de los cuales ocuparme- ordenó dirigiendome hacia la puerta del despacho.
- Pero y los ataques -
- Ordena que refuercen las fronteras y el mínimo chupasangre que vean le arranquen la cabeza.
Alex asiente no muy de acuerdo. Pero es lo que hay, tratar de ser cordiales y llegar a un acuerdo, no nos ha llevado a ningún lado. Si el rey vampiro quiere guerra como siempre guerra tendrá. Ni si quiera sé cómo comenzó está disputa en realidad. Cosa que viene desde siglos por nuestros antepasados, desde que los cuatro reinos se originaron con las cuatro especies reinantes.
Hombres Lobos
Vampiros
Faes Oscuros con Brujas
Híbridos con los desterrados dónde aceptaban cualquier criatura mágica.
Los otros dos reyes se mantenían neutrales ante la guerra de lobos y vampiros. Por lo que mantenemos una relación neutral de cordialidad, dónde nadie traspasa las fronteras del otro.
Cuando mi pasos llegan a la habitación de mi mate, su olor me hace inspirar profundo y Velmorm se vuelve aún más inquieto al punto que tengo que apretar mi mandíbula y aplicar el máximo control posible.
Despido a los guardias que deje frente a su puerta más por seguridad. Su propia seguridad y giro el pomo de la madera encontrandola dormida en posición fetal en la cama.
Es tan hermosa que no puedo evitar acercarme y contemplarla desde más cerca. Al menos se puso uno de los vestidos que le mandé a traer y se ducho, estando más limpia su piel se veía más reluciente de lo que recuerdo y sus bucles entre castaños y negros se derraman en la almohada. El vestido abraza sus curvas y se enrrosca en la subida de sus muslos llenos, que esconden la fuente de su placer pero más del mío.
Relamo los labios, como si pudiera degustar su sabor aún en mi paladar.
Tan delicioso, a nectar divino hecho por el mismo pecado o los misma Diosa para volverme loco.
"MIA"- gruñe Velmorm en nuestra conexión.
Acerco una de mis manos embelesado hacia su rostro evitando despertarla bruscamente, cuando una parte de mí es lo único que quiere.
Aprieto mis dedos en un puño dispuesto a irme. Obligar a mis pies a moverse pero sus párpados se abren como si me sintiera, sus pupilas dilatadas, el jadeo de horror, como se retuerce intentando protegerse de mí.
A mí lobo eso lo hiere pero a mí me da rabia. Por lo que en un rápido movimiento la tomo por el cuello contra el espaldal. Lo suficientemente fuerte para no oír sus gritos.
Sus ojos se dilatan aún más y puedo leer el miedo así como un fuego de rabia resurgiendo mientras intenta resistirse y golpear mi pecho con sus pequeñas manos así como arrañar mis brazos.
Es como un pequeño gatito ante un lobo feroz.
Y no sé si reírme o exitarme con eso.
Maldita humana.