—Mentirosa —se atrevió a llamarla. Las palabras que ella le habían pegado en el ego, estaba segura. Su sonrisa se hizo más grande, nada más tenía que verlo, enrojecido, con el rostro fruncido y sus manos aun pendidas en el aire, donde antes había estado su cuerpo. Lo había hecho confesar su deseo, pero él no iba a obtener una confesión de ella. Había tenido que esperar a que volviera a aparecerse para poder vengarse de él, estaba lista para torturarlo y hacer que se arrepintiera por la forma en la que la había tratado. —¿Qué iba a querer de ti después de que me gritaras y me dejaras tirada en medio de un maldito pasillo? Engáñate a ti mismo si quieres, mon chéri —se acercó otra vez, lo rodeó y lo abrazó desde atrás. Disfrutaba cuando sentía las reacciones de su cuerpo a ella. —Yo…

