Deshizo el nudo, mirándola, dándole tiempo para retroceder y detenerlo, pero Nicolle estaba sonriendo como una malvada, retándolo a continuar. Cuando soltó las tiras del nudo el albornoz se separó, dejando una línea de su cuerpo al desnudo. Sus dedos de piel dura y callosa acariciaron sus labios rojos, iracundos por los besos, y continuaron bajando por su barbilla. Cayó por la columna de su cuello y cuando llegó a su clavícula el pecho de ella se hinchó por una bocanada de aire. Daslan continuó, su propia piel quemando bajo su roja, sintiéndola estorbosa, casi protestando para que se retirara y no hubiera nada entre ellos salvo la piel. Continuó su viaje entre sus senos, sus pezones todavía seguían ocultos por el albornos, pero buena parte de su dimensión podía deducirse. La boca se le

