Para que hubiera una competencia tendría que haber otro concursante a la altura, y la verdad no creía que existiera. «Escúchate a ti mismo», se dijo, «Glorificando a una mujer arrogante». Daslan volvió a mirar sus ojos malditos y se dio cuenta de que no le importaba, esa arrogancia innata le gustaba, combinaba con su sonrisa y la mirada en sus ojos. Rodeó a Elena con su brazo y comenzó a llevarla hacia la salida. —No puedo ahora —le dijo en voz baja—. Tal vez después. —¿Te sientes bien, cariño? Volviste de ese viaje un poco…extraño —lamentó la rubia, apoyando su cabeza en su pecho. El contacto y las caricias se sentían bien, pero tenía su cabeza en otra parte, demasiado consciente de la mujer sobre el escenario. Por supuesto que había regresado cambiado, porque una vez que se conocí

