10.
Punto de vista Kelly
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Desayuné lentamente, estaba exhausta por todo esto en la habitación, como mencionó Matthew, comenzó a enseñarme la teoría, no podía imaginarlo como profesor.
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— Lo más importante que necesitarás es capacidad de negociación y confianza en ti misma, hoy vamos a empezar con confianza. — Me senté en el borde de la cama, él se paró frente a mí.
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— ¿Me vas a enseñar a tener confianza? — Pregunté divertida.
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—Sí, te diré quién tienes que ser — dijo, gesticulando al mismo tiempo como si participara en la campaña electoral.
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— ¿Es una orden o una solicitud? — Pregunté, levantando mis cejas.
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—En tu caso, el único remedio—, me guiñó un ojo, sonriéndome de una manera sexy. No sé dónde aprendió estas cosas, se pasó la mano por el pelo como si estuviera actuando en una película, sonrió como si anunciara pasta de dientes blanqueadora y era su mirada la que me hacía temblar cada vez.
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—Está bien, continúa, — interrumpí este extraño intercambio.
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—Se supone que eres la chica más sexy del suroeste que va a hacer con tipos como yo—, me guiñó un ojo, —lo que sea que ella quiera, por supuesto para el beneficio de los Ángeles Negros—, caminó por la habitación. — Debes usar tu encanto y atractivo s****l para negociar.
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— En teoría, puedo hacerlo, pero ¿cómo se supone que debe verse en la práctica? — Negué con la cabeza. — Yo y el atractivo s****l, um ... es un oxímoron, Laurel y el atractivo s****l sí, yo y el atractivo s****l no.
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—Ponte ese vestido n***o y pinta tus labios de rojo—, ordenó.
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—¿Para qué? — Me sorprendió porque lo dijo como si fuera imposible prescindir de él.
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—Como parte del ejercicio—, sonrió.
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Está bien, fui a cambiarme, al menos se divertirá conmigo, tomó un poco de tiempo, siguiendo las instrucciones, me pinté los labios de rojo, de hecho, nunca he hecho eso, me gustó cuando me miré al espejo, también dejé mi cabello suelto, que estaba ligeramente ondulado, salí del baño.
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— ¿Qué sigue? — Puse mi mano en mi cadera, sabía que no podía funcionar.
Matthew me miró fijamente.
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— Primer punto: mira, ahí — se sentó detrás del escritorio y sacó algo de su bolsillo. Al principio no vi qué era. —Este es mi encendedor favorito. — Señaló el objeto plateado. — Llévalo lejos de mí.
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— ¿Pero ¿cómo? — Fruncí el ceño.
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—Para que no sepa que me lo quitaste—, dijo.
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Él pensó que yo era oscura sobre estos temas y estaba equivocado, aprendí el arte de robar en la escuela secundaria, cuando Jess y yo estábamos robando cupones de Jerry para un postre extra en la cafetería de la escuela, la distracción más importante, traté de lucir y moverme sexy.
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Me senté en el borde del escritorio, dejando caer algunos papeles.
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—Lo siento, no me di cuenta de las páginas. — Salté y me incliné para recogerlas.
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Matthew se movió de su silla, solo para ver mejor mis pechos, reunió los papeles conmigo, fingí quitarle el encendedor, pero rápidamente se dio cuenta y tomó mi mano.
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—Sigue intentándolo—, le animó.
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Lo intenté tres veces y cada vez fallé, Él estaba feliz, y yo también, porque eso es lo que quise decir, quería que pensara que no podía hacer esto.
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—Matthew—, comencé, sonriendo coquetamente. — Tengo un pendiente en el pelo, ¿me ayudarías?
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— Por supuesto, gatita — se acercó, aunque sabía que había visto mi plan,
sin embargo, decidió darme una oportunidad.
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— De todos modos, ¿por qué me llamas “Gatita”? — pregunté intimidada, era la segunda vez ese día que me decía eso, expuse mi oído y lo dejé funcionar.
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— ¿No te gusta? Preguntó con indiferencia.
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—Ni siquiera sabes cómo me excita—, susurré.
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— ¿De verdad? — Preguntó, mirándome a los ojos.
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No le di tiempo para pensar, presioné mis labios contra los suyos, lo besé apasionadamente, él me devolvió el beso y dio unos pasos hacia mí para que yo descansara mis manos en su escritorio, luego me agarró de los muslos y me levantó, envolví mis piernas alrededor de sus caderas, a él le gustó, y creo que a mí también me gustó.
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Toqué su muñeca y llevé su mano más arriba para que pasara por todo mi muslo, seguía besándome, gemí suavemente cuando un cálido escalofrío me atravesó, la mano del gánster rodeó mi espalda, rompí el beso.
—Podría hacer eso por más tiempo, pero se suponía que debíamos aprender, no besarnos—, me recordé con una leve sonrisa en mis labios.
—Así es como aprendemos—, continuó besándome, es difícil separarse de su boca porque es muy agradable y dulce, pero lo hice.
—Matthew—, solté, —dijiste esta mañana que tenía un mes—.
—Está bien, tienes razón—, dijo decepcionado, retrocediendo.
—Voy a cambiarme de ropa para no distraerte y volver a la teoría—, dije, levantándome del escritorio y dirigiéndome hacia el baño.
—No te preocupes por este mechero, algún día conseguirás enrollarlo—, consoló apoyándose en el escritorio, he estado esperando este momento, me volví lentamente, luego metí dos dedos en mi sostén.
— ¿Estás hablando de ese encendedor? — Levanté las cejas de manera interrogante, su expresión no tenía precio.
— ¡Mierda! — Maldijo. — ¿Cómo hiciste eso?
—Me dijiste que usara mi encanto y atractivo s****l, así que lo hice—, sonreí.
— ¿La sacaste cuando nos besamos? — Preguntó, aunque sonó como una declaración.
— Y crees que me beso a todos cada vez para quitarle algo a alguien del bolsillo? — pregunté, un poco consternada.
—Tenías que hacerlo entonces—, dijo.
— Lo hice mientras cuidabas mi pendiente, cálmate y me cambiaré — respondí.
Regresé al baño, estaba feliz, le dejé huella, lentamente me quité el vestido y me puse mi ropa habitual, salí del baño y Matthew estaba sentado frente a la computadora de nuevo.
—Estoy aquí—, le sonreí.
—Está bien, — dio un paso atrás de la computadora. — Digamos que has dominado su confianza y puedes distraerlo, es hora de dominar el arte de la negociación. — se reclinó contra el escritorio, — pero primero entrégame el encendedor — ordenó.
— Lo haré, pero si me dejas salir hoy — puse una condición.
—No te dejaré, ni en lo más mínimo —, me tendió la mano, su tono se volvió más frío.
— Una caminata de dos horas — Le di mi propuesta. —Puedes venir conmigo—, continué.
—No hay manera —, insistió, podía verlo enojarse más y más.
— Camina — No me rendí.
—Ya te dije que no —, continuó.
— ¿Quieres las llaves de tu coche? — Pregunté, sacándolos del bolsillo, Matthew se levantó del escritorio y se acercó a mí.
— ¡Dámelas! — gritó, lo cabreé, mucho.
—No, — dije suavemente.
— ¿Debería tomarlas yo mismo? — Hablaba en tono exagerado.
—No, tienes que ir a caminar conmigo—, le dije con calma.
—Joder —, maldijo. —¿Puedes decirme qué estás haciendo ahora mismo? — Hizo un gesto con las manos.
— Hago lo que quiero con el chico, y ahora quiero dar un paseo — le presenté mi visión de la situación.
—No irás a ningún lado hasta que entregues las llaves—, dijo secamente, me gustó esa mirada de enojo en su rostro, parecía un niño pequeño que patea su pie para conseguir un juguete nuevo.
— ¿Y cómo voy a estar segura entonces de que irás? — Recogí mi cabello.
— Sabes que podría quitarte esas llaves en cualquier momento, pero estoy tratando de ser amable — anunció con voz más apagada, pero sabía que por dentro estaba hirviendo de rabia.
—No puedes quitármelas y lo sabes—, sonreí.
—Una hora de caminata—, dijo después de un momento de silencio, entonces, sin embargo, entendió que no había salida.
— Dos — Seguí insistiendo.
—Media hora entonces—, dijo enojado.
—Tres horas—, dije, aburrida.
—Diez minutos—, se irritaba cada vez más.
—Cuatro horas. — Me miré las uñas.
—Joder, se me está acabando la paciencia—, levantó la voz y fijó su mirada helada en mí.
—Está bien Matthew, ganaste—, le entregué las llaves, luciendo un poco asustada.
— ¿Por qué me tienes que cabrear? — preguntó nervioso, poniendo las llaves en su bolsillo.
—Simplemente me gusta—, me encogí de hombros.
—Kelly, volvamos a las negociaciones—, hizo una pausa para calmarse. — ¿De qué se tratan las negociaciones? — Comenzó su conferencia. — Esas son todas las acciones ...
—Matthew, — lo interrumpí, sabía que se iba a enojar de nuevo.
— ¿Qué? — preguntó con calma.
— Tú, pero te gustaría tu mechero, ¿verdad? — pregunté con una sonrisa en mi rostro.
—Mujer, deja de matarme—, respondió resignado.
— Entonces, ¿cómo va a ser esta caminata? — pregunté con satisfacción.
—Joder, debería haberte matado tanto como pude —, suspiró con impotencia.
— No lo dices en serio, ¿o si? — Me burlé de él.
—Está bien, iré a dar ese maldito paseo contigo—, se rindió.
—No podrías hacer eso ahora—, le revolví el cabello.
—Devuélveme el mechero—, insistió.
— Cuando volvamos de la caminata, por ahora está en un lugar seguro — señalé el sostén — y, además, puedes saltarte la charla sobre negociaciones, digamos que entiendo el tema.
Matthew se tomó un momento para darse cuenta de que estaba jugando al gato y al ratón con él.
—Estás empezando a asustarme—, se paró en el centro de la habitación.
—Solo estoy negociando—, levanté las manos en señal de rendición.
Un paseo me esperaba y no podía esperar a salir, quería respirar aire fresco, mirar al cielo y calmarme, Matthew tenía otros planes, sin embargo, lo cabreé tanto hoy que decidió llevarme a dar un paseo de ida ... al bosque.
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