Debía de admitirlo aunque no quisiera hacerlo: Leonardo White era un sujeto realmente interesante. Su voz, cuando así él lo quería, adquiría un ritmo interesante, casi no había hablado sobre ella, en realidad, no quería, además, la anécdotas de él, era mucho más interesantes de que lo que ella tuviera para decir. —¿Y así fue como tu padre se hizo millonario? —cuestionó Emma, por completo embelesada, no solo por su rostro, sino por él, por lo que le transmitió, incluso había olvidado la duda extrema que tenía sobre si era realidad que él había abandonado a un hijo. —Eso me dijo mi abuelo, pero, aquí entre nosotros; él es muy mentiroso. —Emma rió—. Lo digo en serio, le puedes hacer la misma pregunta quince veces, y quince veces te dará una respuesta distinta. Emma iba a agregar algo más

