Habían transcurrido tres semanas desde que Leonardo había echado a aquellas dos secretarias, y si Emma hubiese sabido las consecuencias que eso traería, hubiese insistido en que no las echaran; todos en la empresa le apuntaban con un ojo acusador, todos le decían que había sido su culpa que hubiesen echado a esas dos inocentes muchachas que vivían de eso, pero nadie se lo decía directamente, porque, según lo que Emma había escuchado, todos temían de que ella fuese a donde Leonardo a contárselo. Le parecía una gran locura como pasó de ser una don nadie en aquella empresa, a ser una —por no decir la más— de las más odiadas de allí, miradas crueles se topaba en cada esquina, si necesitaba ayuda, y Leonardo no estaba a su lado, nadie se la ofrecía, pero para su dicha, él siempre estaba a su la

