Capítulo 4: Cambio de planes.

1933 Palabras
Era el auto más precioso que alguna vez sus desfallecidos y gastados ojos habían visto, ni siquiera estaba entre sus posibilidades imaginar que tan costoso había sido, tal vez era un número que ella ni siquiera podría pronunciar o escribir. Leonardo le había pedido que bajara delante de él, Emma así lo hizo, aunque cuando llegó al auto de su jefe, se frenó, dedicándole una mirada al rubio, quien le sonrió, fue un gesto apenas perceptible, tanto que así que se lo atribuyó a una alucinación a causa del profundo cansancio que sentía. —Esa falda te queda un poco corta, Emma, ¿no lo crees? —Las manos de la mujer temblaron cuando lo escuchó decir aquello, su rostro serio, agitado por un rubor se dirección de manera trémula hacia el hombre, el azul de los ojos de Leonardo parecía querer desnudar el alma de la secretaria, quien no dijo ni una sola palabra—. Te hice una pregunta. La mujer dudó que responder, recordó las veces en las que había pensado que aquella falda le quedaba un poco más ajustada que las demás, pero le había prestado muy poca atención. —Si le molesta que la use, p-pues no la usaré más —pronunció ella, casi en modo automático, luego se percató de que había contradicho a sus propios deseos de renunciar, había algo en la mirada de Leonardo que no le permitía procesar bien ni siquiera sus propias necesidades. — Das stört mich nicht, im Gegenteil, ich mag es, deine Beine sehen so schön aus. —Emma lo miró con nerviosismo, no había entendido palabra alguna, lo único que sabía, era que el idioma que él acababa de hablar, era alemán. —¿Qué? —fue lo único se preguntó, solo cuando se acomodó sobre otro pie, fue que cayó en cuenta de que había estado sosteniendo esos papeles pesados por más minutos de los que creería haber soportado. — Ты такая красивая, Эмма, тебе кто-нибудь говорил об этом? —Ella seguía sin entender ni una palabra, a él le gustaba mucho la expresión confundida de la mujer, tanto que se vio tentado a hablarle toda la noche en un idioma desconocido para ella, pero se dijo a sí mismo que más divertido sería ver como un rubor descarado se esparcía de manera involuntaria por esas mejillas femeninas cada vez que él le decía algo poco regular—. Sube al auto, Emma. La mujer le dedicó una mirada recelosa antes de obedecerlo, no quería hacer nada de aquello, en realidad, solo quería renunciar y manda al infierno cada una de sus responsabilidades, o era al menos eso lo que le demandaba su mente tan grumosa a causa del cansancio, el cual empezaba a llegar a su límite, lo supo cuando al momento de abrir la puerta e intentar montarse en el costoso auto, su visión se cubrió por una densa nube de oscuridad. Los papeles se resbalaron de sus manos repletas de un repentino sudor, sus piernas se convirtieron en dos masas flácidas e inútiles que amenazaban con caerse, apenas un jadeo se escapó de sus labios agrietados y secos, su cuerpo no resistía más el poco descanso que había tenido. —¿Emma? ¡Emma! —La voz de él se escuchó lejana, como si se encontrara llamándola desde una dimensión alterna—. ¡¿Estás bien, Emma?! Los brazos de Leonardo lograron sujetar a Emma antes de que ella tocara el duro suelo, los cuerpos de ambos se frotaron de manera involuntaria, los ojos apenas abiertos de Emma miraron al hombre que la sostenía sin entender muy bien que había ocurrido, Leonardo no sabía muy bien lo que debía hacer, jamás pasado por una situación si quiera similar, pensó en ir con ella a la empresa, pero después se dijo a sí mismo que estaba a varios minutos de allí, por lo que la mejor opción era montarla en el carro, así que la sujetó bien por ambas piernas y la colocó en el asiento del copiloto, dedicándole una mirada algo palpitante. —Queda… quédate aquí —le pidió, sintiéndose estúpido, ella apenas podía moverse, incluso si él se iba y volvía en un par de horas, ella se quedaría ahí, entre el desmayo y la lucidez—. Iré a… a buscar un poco de agua… —Observó a su alrededor pensando en donde podían vender agua, pero luego el foco de su cabeza se llenó de color al darse cuenta de que guardaba en su auto un par de botellas de agua. Rápidamente abrió la puerta de la parte de atrás y sacó las botellas de agua, moviéndose hacia Emma de nuevo, abrió la botella, sostuvo a la mujer del cuello y le hizo beber, pero era un poco torpe haciéndolo, lo que causó que la mujer se asfixiara con el agua y que el líquido se resbalara por sus labios y una tos profunda se hiciera resonar. «Al menos sirvió de algo», se dijo mentalmente Leonardo, viendo como a medida que tosía, sus ojos se expandía más y más, parecía aferrarse con más fuerza a la lucidez, y eso lo agradecía. ¿Qué haría Leonardo si su secretaria se desmayaba en su auto? No tenía idea. Cuando por fin terminó de toser, sus ojos se abrieron un poco más y observó a Leonardo, luego observó las hojas dispersas sobre el suelo. Lo peor de todo, era que aquella no había sido la primera vez que se había desmayado en ese mes, de hecho, dos días atrás, un suceso idéntico había tenido lugar, solo que ella se encontraba sola en su apartamento, no había ningún jefe que la ayudara. —¿Te encuentras bien? —preguntó Leonardo cuando creyó que era adecuado. —S-sí, solo… solo fue un pequeño mareo, lo siento por molestarlo, pero creo que no podré ir a su casa, yo… —La mujer intentó ponerse de pie y nuevamente sus piernas le fallaron, antes de que ella pudiera caer, una vez más aquellos brazos fuertes la sostuvieron. El perfume del hombre abofeteó a la mujer, quien se sostuvo de aquellos fuertes hombros, mirando a su jefe directo a los ojos por un par de segundos. Casi un mes completo como su secretaria y no se había fijado en la marca de nacimiento con la que Leonardo contaba en su rostro, en su rostro tan perfecto… La mujer se arrojó a sí misma de nuevo en el auto, separándose de Leonardo, pensando en el contacto que ambos habían mantenido por unos cortos segundos. Tomó una bocanada de aire, como quien está listo para nadar, pero en realidad, sentía que se sofocaba, por algo que quería salir de ella, pero que luchaba por quedarse. Pronto supo que era eso. Se sostuvo el estómago y con fuerza empujó a su jefe para evitar que el vómito que salió de sus labios le cayera encima. Vomitó más de lo que había comido en una semana, frente a su jefe, se sentía sofocada, no por los nervios que acababa de liberar, sino por su propia vergüenza. Leonardo enarcó una ceja de inmediato. «¿Mareos? ¿Vómitos?», pensó, transformando sus labios en una línea. Una de las particulares cualidades de Leonardo, era que en ocasiones, carecía de tacto alguno o discreción para decir las cosas, pronto su secretaria lo comprobaría. —Emma —la llamó cuando ella parecía haberse recuperado de su segundo síntoma de la noche—. ¿Estás embarazada? —La mujer elevó con brusquedad su rostro cuando escuchó a Leonardo decir aquello, de inmediato su rostro se cubrió de negación. La última vez que había tenido acción en la cama con un sujeto había sido hace tres meses, y no había tenido aquellos síntomas de desgaste hasta que había empezado a trabajar con él. Además, su periodo le había llegado la semana anterior. —No…, claro que no —le respondió con apenas voz. —¿Estás segura? Ella asintió, sintiéndose profundamente incomoda por la manera en la que él le había preguntado aquello. —Claro que sí. —Es que esos son los síntomas más habituales del embarazo —comentó él, sin mover la vista de la agitada muchacha, ella no encontraba una forma adecuada de decirle que no estaba embarazada, que hace tres meses que la única cosa que la cogía eran las desgracias. —Créame, no estoy embarazada… Él la miró en silencio, como si dudara de su respuesta y a la vez le creyera, ni siquiera sabía como descifrar aquellos ojos. Estaba demasiado exhausta como para intentarlo. —Lo siento por… esto —se disculpó ella luego del silencio incomodo que se formó. —No tienes que disculparte por estar enferma —le tranquilizó, por un segundo ella no creía que aquel era el mismo hombre que la explotaba laboralmente—. ¿Sufres de algo? Ella suspiró, desviando los ojos del charco de vómito que él ignoraba de manera perfecta. —No, es solo el estrés. —¿El estrés? —Sí, cuando me someto a mucha presión… mi cuerpo se vuelve loco… —Se contuvo para no decirle que le había diagnosticado una especie de desorden hormonal, se dijo a sí misma que aquella información no era relevante. Leonardo asintió, no podía negar que la culpa le respiraba cerca de la nuca, tal vez la había explotado demasiado. Aunque en su cabeza, cuando le asignaba aquella cantidad excesiva de trabajo, solo estaba presente la intención de hacer que ella se quedara más horas con él, para así conocerla mejor, algo en ella le generaba una curiosidad que no podía describir, pero viendo lo que había su curiosidad ocasionado, se dijo que tenía que recurrir a otros métodos si quería conocerla, y, viendo que ella no estaba en muy buenas condiciones, pensó en lo ideal para hacer. —Luces muy agotada, creo que hay que posponer lo de ir a donde vivo, ¿te parece? —Me parece lo mejor —susurró ella, ni siquiera poseía fuerzas para hablar demasiado. Su voz salía como un extenuado susurro de alguien a quien apenas suspiros lo separaban de una silenciosa muerte. —Casi ni puedes hablar —notó él, dando la vuelta hasta quedar del asiento del conductor, en el que se montó, cerrando la puerta y buscando una pluma y una hoja de papel, la cual fue entregada a Emma, Leonardo le pidió que anotara algo y así ella lo hizo, sin preguntar demasiado, aunque luego empezó a cuestionarse. —¿Para qué quiere saber en dónde vivo? —Para ir a tu casa —respondió con la mayor simpleza—. Te llevaré ahí y te dejaré ahí, entro, hablaremos de la propuesta mía, me voy, sencillo. Ella lo miró, perpleja. ¿Su jefe en su casa? —¿A mi c-casa? No p-pero… mi casa no… —Lo que menos quería era que su jefe fuera a su casa, ni siquiera tenía una razón exacta: sencillamente no quería. —Sin peros, Emma —le dijo Leonardo—. Iré, hablaremos, me voy, así sucederá. Y sin dejarla protestar, Leonardo arrancó el auto, dirigiéndose hacia la casa de su secretaria. ﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌ TRADUCCIONES: Das stört mich nicht, im Gegenteil, ich mag es, deine Beine sehen so schön aus: No me molesta, al contrario, me gusta, tus piernas se ven tan hermosas. Ты такая красивая, Эмма, тебе кто-нибудь говорил об этом?: Eres muy hermosa, Emma, ¿alguien te lo ha dicho alguna vez?
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