–Eres increíble Abigail. —le dije al entrar a la habitación y verla allí como si nada, escuchando música y cantando. –Tu esposo en el hospital y tú aquí disfrutando. –Se acabó mi tranquilidad, supongo que nada es eterno. —Se quejó al girar y verme. –¿Disculpa? —pregunte, un tanto sorprendido. –Volviste y contigo las discusiones, las palabras hirientes, tu dedo acusador. —Todo salió con reproche, con fastidio, al parecer mi presencia no le agrado. –Es mi casa a dónde más se supone que debería ir. —se encogió de hombros y me dió la espalda ocupándose otra vez en sus cosas. –Mi madre preguntó por tí toda esta semana que no fuiste capaz de volver al hospital. –Volver para aguantar los ataques de Malorie, lo siento Erick pero ya no estoy dispuesta a soportar más. –Tienes obligaciones de

