—¿La llevarás a la iglesia? —preguntó Candy atónita cuando esa noche Akron se sentó de nuevo en la barra para hablar—. Esto con esa pelirroja se pone cada vez más interesante. Candy sonrió y le arrojó una cerveza de botella por la barra a uno de los Demonios. Se había vuelto tan buena, que podía destapar una cerveza usando cualquier cosa que le colocaran. —¿En qué te convertiste, Akron Jagger? —preguntó ella. Akron rodó el dedo por la boca del vaso de whisky. —No he cambiado —dijo. Candy llevó su dedo hasta su barbilla y lo hizo mirarla. —Solo cediste a lo que una mujer te pidió —le dijo mirándolo a los ojos—. Pensé que solo eras condescendiente en el sexo. Akron le quitó la mano de la barbilla. —Ni ahí lo soy —respondió—. Lo sabes perfectamente. Ella limpió uno de los vasos p

