Dilay. Nunca creí en los cuentos de hadas, ni en los cuentos donde vivieron felices para siempre, hasta que la verdadera realidad me azotó y desperté de ese mundo gris para comenzar a sanar y a ser otra persona. Todo eso tiene un nombre y es Adil. Él fue la razón por la que estoy aquí sonriendo como nunca mientras siento las cálidas lágrimas de mis ojos caer por un solo motivo y es de felicidad. Me sentía inmensamente feliz por eso lloraba. —¿Quién dijo que era fácil traer una vida al mundo? — dije entre contracción y contracción. Pasaron los meses y mi cuerpo había acogido a un ser que se hizo con mucho amor, mi hijo. —Nadie lo dijo, nadie — Adil contestó mientras intentaba colaborar en todo lo posible en la llegada de nuestro bebé. Nuevamente, empecé a llorar—. ¿Por qué lloras? —Po
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