Al otro día, llevo a Sabrina al psicólogo, nos quedamos esperando a que se haga la hora y sale el psicólogo con su paciente. Llama a Sabrina y me mira nerviosa. –No te preocupes linda, te va a ayudar. –Lo sé.–Sonríe. Se levanta y entra acompañada con el. Narra Sabrina. –Puede sentarse señora Ballesteros. Hago lo que me dice y se sienta del lado del escritorio. –Supe lo que le paso pero quiero saberlo desde su perspectiva. Respiro hondo y le cuento todo lo que me paso, el me escucha atentamente y anota todo en su cuaderno. –Siento todo lo que le ha pasado pero por suerte recuperó su hija. –Todavía no lo puedo creer, en este tiempo estuve al lado de ella sin saber que era mi hija. –¿Cómo se siente? –Muy feliz, pude abrazar a mi hija y quiero recuperar el tiempo perdido con

