Zurek se levanta y le tira la ropa que le había llevado. Aquilegia no dijo nada, solo hizo lo que este le había pedido. Una vez lista este la volvió a subir a su regazo para volver a emprender su camino. No limpió su rostro, su olor le recordara que ella no es de él y desea ejercer un castigo por ello. Ella no puede, ni debe pensar en otro hombre que no sea él, porque ahora él es su dueño. En el camino no dijeron una sola palabra, Aquilegia sentía hambre, pero primera muerta antes de confesar su desgracia. Se paran frente a una taberna y Zurek baja. —Custódiala, vuelvo en algunas horas. —dice este buscando sacar su frustración. Los hombres la amarran junto al caballo del rey y dejan a dos hombres pendiente de ella, mientras los demás se fueron a fornicar con las prostitutas del lugar. Z

