La cabaña

1479 Palabras

Como el rey pidió, a las dos horas llegaron los lacayos con su servicio para darse una tina con la reina. Zurek y Aquilegia dormían una siesta pues este decidió descansar del viaje antes de comenzar con todo lo que tenía planeado para su reina. Una vez estaba todo listo en la tina, los despachó para despertar a su mujer. Comenzó a dejar besos suaves por su cuello—. Aquilegia, despierta. —dice descubriendo su cuerpo para que le de un poco de frío. Sus pezones semi erguidos comenzaron a ponerse más puntiagudos y su piel se erizo por completo al sentir la brisa. A Zurek se le hizo la boca agua al verla. No entendía cómo podía desear tanto a esa mujer, cada minuto que pasaba junto a ella se lo hacía más adicto a ella. —¿Por qué me despiertas? —pregunta con sus ojos aun cerrados. Sentía frío

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