El aire vibraba con una tensión palpable mientras Alexandr enfrentaba a Marcus, con la furia ardiendo en sus ojos como llamas avivadas por la traición. Marcus, parado frente a él, parecía más pequeño de lo habitual, su expresión era tensa y sus ojos esquivaron la mirada penetrante de Alexandr. —¿Cómo pudiste ocultármelo? —La voz de Alexandr era un rugido bajo, cargado de ira y dolor— ¿Cómo pudiste dejarme creer que Isabella estaba muerta? Marcus se removió incómodo bajo la mirada acusadora de Alexandr, buscando desesperadamente una respuesta que pudiera justificar sus acciones. —Lo siento, Alexandr —murmuró Marcus. Su voz era apenas un susurro entre ellos—. No sabía qué hacer. No sabía cómo decírtelo. —No sabías cómo decírmelo —repitió Alexandr con su voz llena de incredulidad—¡Eso es

