Capítulo 7

1866 Palabras
—¡Oh! Vamos, Lea, no eres tan difícil de convencer. Creo que ese color es hermoso, combina con tus ojos y pecas, hazme caso —había dicho Bianca mientras tocaba el fino vestido de marca que mi padre había comprado para mí. Faltaban apenas dos días, apenas unas horas para que todo se acabe en ese baile de otoño. Y no podía resistirme al aguantar por Démon. Habían pasado una semana desde que él se fue de mi habitación. No lo he visto ni a él ni Roger, era como si un agujero se los haya tragado. Y por más que intentase buscarlos, iba a ser imposible. Habían desaparecido del mapa, y mi corazón se agitaba con fuerza cuando escuchaba su apellido en la lista de presentes. ¿Estaba volviéndome loca? De seguro que sí, nada se comparaba con mi intensa búsqueda de sus rastros, hasta que tuve que rendirme por el pedido de Charlie. Por aquella semana, Casey me había invitado a salir. Habíamos ido a un club muy cerca del centro de Lorenford, para jugar al billar, pero nada fue divertido como esperaba. Hasta había intentado besarme, pero yo no podía hacer eso. Deseaba, muy dentro mío, que mi primer beso fuera con alguien especial. Y aunque acepto, tal como él lo ha dicho, no lo conocía en absoluto. Démon era especial sin apenas saber quién era. Sin saber el peligro que estaba corriendo. Estaba corriendo y huyendo de muchos problemas. Bianca volvió a tocar el vestido, estaba fascinada por ello. —Tu padre tiene buen gusto —murmuró. Y yo me concentré en mirar mi flacucho cuerpo de niña adolescente. ¿Le iba a gustar a Démon así? ¿Tan delgada y sin forma alguna? Posibilidades tenía, y capaz que tenía posibilidades más de un rechazo que de un posible beso. Pero aquello no me importaba demasiado, mi cabeza iba directo al grano: La razón. La razón por la cual él se alejaba de mí. —Creo que sí —respondí, olvidando todo aquello como se lo había prometido a Charlie—. No encuentro buenos zapatos, ¿tú tendrías algunos que combinen? Bianca se quedó pensando. —Sabes que soy un talle menos, debería preguntarle a Harper... Pero Harper me ha echado del grupo, y ahora Joanne es su mano derecha... —bufó—, ya veremos que hacer. De repente, recordé lo que Shawn me había dicho sobre las amistades, que era mejor tenerlos lejos que cerca. Esa semana, nuevamente me había insistido en alejarme hasta de Bianca. ¿Qué demonios le pasaba a ese chico? Me había estado persiguiendo toda la semana como un loco, hasta tuve que pedirle disculpas a Bianca por su grave atrevimiento al perseguirme, y que raramente no estaba detrás de Harper. ¿Qué había sucedido? ¿Ya se había cansado fácilemente de ella o qué? Suspiré al recordarlo. —Ya veremos que haremos... —dije en un suspiro largo, quitándome el vestido y lazándome a la cama. Bianca me siguió hasta que sentó a mi lado—. Estoy exhausta, no quiero ir al baile. —¿Hay algún problema, Lea? —preguntó Bianca, y la miré con suma tristeza en mis ojos, con las lágrimas a punto de partirse en miles de pedazos. —Démon... —¿Qué ocurre con él? —Me está ignorando... Otra vez... —murmuré—. No quiero ir al baile con Casey, quiero ir con él. No lo conozco, pero siento atraída a él como si lo conociera toda la vida. Bianca apoyó su cabeza a un lado de la mía, y nos quedamos viendo el techo por un buen rato. —Búscalo, ¿sabes dónde está? —preguntó de repente, pero negué con la cabeza—. Lo he visto ayer... —dicho esto, levanté mi cabeza con una esperanza de saber de él—. Creo que fue a entrenar con los chicos del equipo, pero no se lleva bien con ninguno. Estaba con su amigo... Se refería a Roger. Suspiré nuevamente. —Él ya no quiere verme. —¿Por qué no? Creo que ustedes tienen química, una hermosa química de esas de las que no tengo con nadie... —objetó, mirando hacía la misma nada, me acosté nuevamente a su lado—. Por cierto, su amigo está guapo, ¿sabes? Solté una risita. —Puedo asegurarte que es más extraño que él —dije sin más, Bianca me pegó un codazo. —¡Debes presentarmelo! Mañana mismo, en la clase. Y pondré la excusa de que no tengo con quién ir al baile. Reímos hasta que no nos dio más el aire por la locura que ambas compartíamos. Me agradaba volver a tener la relación con Bianca, ni mucho menos extrañaba a las demás. Éramos amigas de toda la vida, en ese entonces nuestro plan era Nueva York. Pase lo que pase. Sin dudas, estaba volviendo a sentirme mejor. No obstante, la ausencia de Démon, en mi vida, se sentía demasiado terrible. * * * * Lo imposible iba a volverse posible tarde o temprano. Más que nada, que al día siguiente todo cambió de repente para mí. Me había quedado mirando a la nada mientras que el maestro de literatura leía Juego de Tronos, con la intención de hacernos entender todo el asunto de los reinos y esas cosas. Casey se encontraba a mí lado, quien anotaba todo y estaba emocionado que el profesor al fin tocara su tema favorito. Por más suspiros que diera, Casey me miraba con pura tristeza. Capaz sentía que él realmente no era para mí. Sí, era guapo y demás. Pero estaba creída que mis intenciones de ser buena y aceptar su buena amistad, iba a jugarme en contra. En cuanto terminó la clase, la última de todas, me había preguntado si quería hablar. Al cual me negué. Si Casey supiera la verdad, me odiaría. Más de lo que ha hecho por años, y meses. Más de lo que yo me odiado por ser tan cerrada y orgullosa. Cuando salí al pasillo, arrastrando mi alma entre tantos estudiantes, de pronto vi a Démon apoyado contra un casillero hablando con Roger. Ambos parecían discutir algo. Como si fuera el colmo y karma más grande, toda la multitud a nuestro alrededor de pronto desapareció. Quédabamos él, yo, y el metiche de Roger con su buen olfato. De pronto ambos se giraron. —Hola, Lea —murmuró Roger—. Ya debo irme, Démon quiere hablar contigo —añadió, pasando por al lado de mí y dándome un pequeño golpe con su codo—. Las cosas van mejor en privado, eh. Me pregunté si era realmente importante hacer eso, porque si lo era, eso convertía Roger en una buena persona. Sin dudarlo. En el momento que se alejó, me acerqué a Démon. Que se había dado vuelta para sacar unas cosas de su casillero. Al fin era jueves, el viernes no habría clases por el baile. Y todo iba a ser perfecto si Démon no asistía, porque iba a encontrarme con Casey y todo iba a empeorar. —Hola —dije sin más—, así que quieres hablar conmigo... No dijo nada. —Bueno, creo que eso era mentira —insistí, y tuve la impresión de que realmente Démon no quería hablar conmigo—. Me iré, no te molesto más. En cuanto me di vuelta, sentí los dedos de Démon apretarme el brazo izquierdo. En eso, me giré despacio y lo miré sin decir nada más. —Lea, no te vayas —murmuró—. De verdad quiero hablar, pero no sé por donde empezar. Entiende esto... Entiéndeme. Asentí, y me acerqué nuevamente. —¿Ya me dirás la razón de tu alejamiento? —solté sin vergüenza, Démon cerró el casillero y de inmediato se colocó las correas de su mochila. —No soy bueno para ti. Lo miré confundida. —¿Y por eso quieres alejarte de mí? —pregunté por curiosidad, mientras que ambos caminábamos rumbo a la salida. Mi corazón comenzó a palpitar sin freno alguno. Tenía ganas de comerme las uñas por el nerviosismo. —No dije que quiero alejarme de ti, en realidad, tú tienes que alejarte de mí. Soy un peligro, Lea, no me conoces lo suficiente —insistió como la otra vez. Parpadeé dos veces o más. —Puedo conocerte —me adelanté y bloqueé su camino—, podemos conocernos y ser amigos. Creo que eso es suficiente. —Lea, tú no entiendes. Yo... —Sí, sí entiendo, Démon —insistí, mientras que el cielo comenzaba a nublarse como si mi desesperación hiciera llorar al cielo—. Creo que conocernos puede hacernos bien, ¿sabes? Desde que te conocí pensé que ibas a ser un chico extraño, y no lo digo porque te pasees en el bosque con Roger e Iris. Lo que digo es que... Démon suspiró, y eso se notó que le estaba cansando por completo. Y por esa razón cerré mi bocota. —Lea, ¿cuál es tu maldito problema? —pregunta de repente, con cierto tono de enojo—. Te estoy diciendo que te alejes de mí. Soy un peligro, no me conoces y nunca vamos a conocernos porqué jamás seremos amigos. No seremos nada, Downey, entiende eso. No quiero que me hables, ni me busques. Simplemente vive tu vida, y sígueme viendo como el chico extraño que se sienta en el último banco del salón. Por un momento, sentí que mí corazón se hacia añicos. —Démon, no tengo ningún problema, solo digo que podemos ser amigos. Eres una persona genial, y te tome cierto cariño con tu cuidado, y... —¿Permitiste que tu corazón sienta cariño por mí, Lea? —preguntó de golpe—. ¿De verdad? No sabía que decir, eso iba a ser una cerrada de boca de primera. Simplemente fui sincera, como desde el principio. —Sí, pero... —¿Sabes algo? Dile a tu corazón que no soy el indicado y se resigne. No puedes permitirle que sienta algo por alguien al que no conoces lo suficiente —dicho esto, comenzó a caminar lentamente hacia la calle. Y yo lo miraba con las lágrimas a punto de formar una cascada en mis ojos. Él se volvió para mirarme—. Realmente... Sólo déjame solo, ¿está bien? —Está bien —respondí. Démon había dejado en claro muchas cosas: No quería ser amigo de nadie porque había sufrido muchas traiciones. Y eso, a mí me llamaba la atención como cualquier otra cosa. Me quedé pensando en las mil maneras de olvidarme de todo, y aquellas, iban a resolverse si me convencía de que con Casey iba a ir todo bien. ¿Quién sabía? Quizá todo iba a ser perfecto con él, quizá Démon no era para mí. Pero eso no me lo creía ni yo. Tan solo, me di la vuelta en el sentido contrario de su caminata y me dirigí a casa. Mientras que unas gotas de lluvia, se mezclaban con mis lágrimas de dolor y furia. Algo que no había sentido nunca. ¿Así era como se sentía tener un corazón roto?
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