Ava se despertó sintiéndose descansada y segura. La luz grisácea se filtraba por los bordes de las gruesas cortinas. Era por la mañana. Se estremeció pensando en el frío que debía haberle calado los huesos. Sin embargo, seguía cálida y cómoda. Un brazo se apretó alrededor de ella mientras Silas la sostenía pegada a él. Después de cenar, él la llevó de vuelta a la cama y volvió a hacer el amor con ella. Su cuerpo temblaba recordando cómo la había tocado. Sus caricias eran fuertes pero suaves, medidas para brindarle el mayor placer posible. No estaba segura si era intuición o aprendizaje, pero él encontraba y provocaba cada punto sensible. Su padre siempre afirmaba que el sexo era algo sucio. ¿Estaba mal que se sintiera tan bien? "Buenos días, hermosa", dijo Silas con voz ronca por el sueñ

