Capítulo 28 — Despertar La oscuridad no era silencio: era un eco sordo, un golpe repetido en la cabeza de Adrián. Un pitido interminable llenaba su oído izquierdo; sentía la sangre latiendo en su cuello, como si cada latido le empujara hacia la superficie después de haber estado demasiado tiempo bajo el agua. Intentó abrir los ojos. Primero vio sombras. Después, luz difusa. Y finalmente, formas. La primera que reconoció fue la mano de Clara. Estaba entrelazada con la suya, tibia pero inmóvil. —Clara… —susurró, con la voz rota. No hubo respuesta. El corazón de Adrián dio un salto brutal. Logró mover el cuerpo con dificultad, notando el peso del cinturón todavía sujetándolo. El autobús estaba ladeado, medio volcado contra un árbol enorme que había detenido su caída al barranco. H

