CAPÍTULO 37 — “Solo Nosotros” El mundo parecía haberse detenido justo en el momento en que Adrián cerró la puerta detrás de ellos. No hubo ruido de la calle, ni recuerdos persiguiéndolo, ni nombres que dolieran. Solo el silencio suave de la casa, ese silencio que no pesa, que acompaña. Clara se quitó la chaqueta despacio y la dejó sobre una silla, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper la calma que habían construido sin darse cuenta. Adrián la observaba desde la puerta. No decía nada, pero sus ojos hablaban por él. Había en su mirada algo nuevo: no alerta, no miedo, sino asombro. Asombro de estar ahí, de estar con ella, de sentirse… permitido. —¿Estás bien? —preguntó Clara, al notar que no se movía. Adrián asintió, con una sonrisa leve, casi incrédula. —Es solo que… nunca

