CAPÍTULO 40 — “Elegirnos” La mañana llegó sin anunciarse, entrando despacio por la ventana como si supiera que no debía interrumpir nada. La luz se deslizó por las paredes, rozó las sábanas y se quedó suspendida sobre los cuerpos entrelazados de Clara y Adrián. Él fue el primero en abrir los ojos, no por costumbre, sino por esa sensación extraña y nueva de despertarse sin sobresaltos. Durante unos segundos no se movió. Respiró. Sintió el peso suave de Clara sobre su pecho, su respiración tranquila, la calidez de su cuerpo pegado al suyo. Y entonces lo entendió: no estaba soñando. Estaba ahí. Con ella. Adrián bajó la mirada y la observó dormir. Clara tenía el ceño relajado, los labios apenas entreabiertos, una mano apoyada sobre su corazón como si incluso dormida necesitara asegurarse de
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