Lucero está preocupada por la condición de su esposo y de esa mujer que no se quiere separar de él, dos días llevan en casa de Alejandro, el abuelo se ha quedado también, le fue ordenada una habitación, él se mantiene al margen al parecer su nieta no es ninguna desprotegida, cuida su territorio con dientes y uñas, él ha pasado dos días muy entretenidos. Alejandro está en medio de una guerra, le ha pedido de todas las maneras posibles, sin embargo, Kate no quiere irse, está cuidando el puesto que por ley le corresponde ella fue la que paso el peor momento de Alejandro, para dejársela fácil a una intrusa. —Sabes que él es mío. —Me hablas a mí. —Lucero está preparándole el desayuno a Alejandro, ella sabe sus gustos. —Eres solo una impostora aquí, tú no sabes nada de Alejandro. —¡¡Soy la

