Jhon Clark
Me desperté agotado, apenas dormí dos horas. Anoche logramos capturar a los Medina, y con eso obtuve mi libertad. Finalmente, le dije adiós a mi trabajo encubierto como Christopher.
Qué irónica es la vida. Cuando esto terminara, planeaba pedirle a Alexa que fuera mi esposa, pero ahora ya no estamos juntos. Ella tiene su vida y yo la mía. Hace tiempo le perdí el rastro.
Me torturaba viendo sus fotos, su sonrisa, ese rostro de ángel, aunque en realidad no me sirve de nada. No hay un solo día en el que no piense en mi fresita. Fui un idiota al creer que podría olvidarla.
—¿Nos duchamos? —pregunta Andrea mientras bosteza a mi lado.
—No tengo tiempo —le respondo, levantándome.
Andrea fue una de mis primeras novias en la adolescencia. Lo dejamos cuando comencé a salir con Clara. Ella lo entendió y no me guardó rencor. Siempre fue una mujer muy madura.
Tiene el cabello largo y oscuro como sus ojos. Su piel es de un tono canela, es esbelta y alta. En este momento, solo viste mi camisa azul marino.
Nos reencontramos hace más de un año en una misión. Ella no es agente, es abogada y colabora con la policía. Me ayudó mucho en el caso de los Medina, revelándome información clave. Sin su ayuda, no habría podido capturarlos.
Poco después de ese reencuentro, retomamos lo nuestro. Antes de ella, me dedicaba completamente al trabajo. Como siempre lo he sido, fui honesto con ella. Sabe todo acerca de mi relación con Alexa y mis motivos para dejarla. Incluso me está ayudando a reunir pruebas para reabrir el caso sobre el asesinato de mi padre.
Después de hablar con Ramson, me confesó que también sospecha que mi padre fue asesinado. Admitió que no me dijo nada antes porque mi padre le pidió que, si algo le ocurría, nos protegiera. Decirme la verdad, en ese momento, habría sido exponerme.
Pero las cosas han cambiado. Han pasado varios años. Ya no soy un joven al que le arrebataron a su padre. Lo único que me importa en este mundo es hacer justicia, y si debo morir para conseguirlo, moriré en paz.
Ya no tengo nada que perder. Sacrifiqué mi amor por Alexa para llegar al fondo de esto, lo más hermoso que he tenido... que tenía.
—Clark, te estoy hablando.— Ramson me saco de mis pensamientos
—Perdón, ¿qué decías?— Indagué
—Solo puedo confiar en ti para esta misión porque sé que tienes intereses personales.
—¿Me dirás quién es el "Ángel Oscuro"? Blanco solo me dio ese apodo. Lo he investigado durante tres años, pero no obtengo resultados.— Confesé.
—Y no los obtendrás. Se sabe cuidar muy bien. Lo único que sé es que tiene negocios con Enzo Lombardi, o él es Enzo Lombardi.— Explica Ramson— Sabes que los Lombardi son la familia más poderosa de Italia y es de conocimiento público que se dedican al narcotráfico. Ellos tienen conexión con el ángel oscuro.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?— Indagué
—Porque tu padre se infiltró en sus empresas y terminó muerto en circunstancias misteriosas. Si no es Enzo, entonces conoce su identidad.— Argumenta Ramson.
—Entonces haré que me lo confiese.
—La mafia italiana es muy peligrosa, John.
—No me importa, Ramson. ¿Por qué no me lo dijiste antes?— Indagué
—Porque debías concentrarte en recuperar completamente tu libertad.
—Bien. Quiero toda la información sobre los Lombardi y sus empresas.
—John, no estarás solo. Alguien dentro de la empresa Lombardi trabaja para nosotros.— Confirma.
Asentí mientras Ramson me daba detalles sobre los movimientos de las empresas y cómo está conformada la familia. Una hija y dos hijos. El mayor se casará con una chica Estadounidense. Aún no sé su nombre, pero es extraño que ella no sea italiana ni pertenezca a una familia tan acaudalada como ellos. Es extraño para la sociedad italiana.
En la noche, Andrea me ayudó a preparar mis maletas. Nos despedimos, y también le pedí que cuidara de mi familia. Mi madre la adora, al igual que Virginia, su mejor amiga. Solo choca un poco con Matilde, digamos que Mati es algo especial, sobre todo con las mujeres. Solo una de mis novias le cayó bien, y eso se debe a que se parecen mucho en personalidad.
—John, cuando termine el asunto con los Lombardi, ¿qué harás?— Pregunta Andrea.
—No lo tengo planeado.
—Yo sí tengo planes para nosotros. Vivir juntos definitivamente, ¿qué te parece esa idea?
—No lo sé. —Tal vez debería intentarlo. Es una mujer excelente, guapa, inteligente, y me adora. ¿Qué más puedo pedir?
—Solo piénsalo y me dices. Sabes lo que siento por ti —dice juntando sus labios con los míos, y yo le sigo intensamente.
—Creo que quieres una despedida —me dice, empujándome a la cama.
—Las despedidas nunca están mal.
—Espero que no conozcas a ninguna italiana sexy —dice mientras besa mi cuello, provocándome una risa.
—Ninguna como tú, Al... Andrea —me corrijo antes de que lo note.
Parece que no lo notó, porque procede a desnudarse. Luego me ayuda a quitarme la camisa y desabrocha mi pantalón. Esa fue la antesala de una noche de sexo en la que, nuevamente, no dormí. El sexo siempre ha sido genial con ella; conectamos muy bien.
Cerré los ojos por unos minutos. Cuando los abrí, vi a una mujer de rizos con la espalda desnuda apoyada en mi pecho. Volví a parpadear y vi a Andrea dormir. Esa es mi realidad. Andrea. Alexa ya no es parte de mi vida. Nunca la volveré a ver, y mucho menos a tocar. Debo hacerme a esa idea.