Eleanor… Odi.arlo no era suficiente. Su cinismo no tenía límites, tan solo con el odio no borraría la humillación que me hizo frente a esa mujer. Me dolía la cara e incluso me estaban temblando las manos de la rabia, la hubiera ahorcado en ese momento. “Entra a la casa” Esas habían sido sus palabras. Como si todo esto hubiera sido mi culpa, Katleen era la loca y había confesado que solo le interesaba el dinero de Carl, aunque tendría que esperar a que viera las grabaciones de la casa, pero fue ella quien me golpeo, él debió defenderme… o mejor dicho a Alice. ¡Joder! ¡Mi hermana no se defendía! –Alice… –la voz de Jesse llegó. Sentía el rostro ardiendo cuando la miré. –¿Estás bien? –preguntó titubeante. –¡Esto es lo que soportó! –exclamé. –¡Alice! –repitió el nombre como

