–Se puede saber, ¿qué carajos te pasa? Abrí los ojos al mismo tiempo que metía el teléfono debajo de las sábanas, al ver hacía la puerta era Jesse quien se encontraba ahí. –Nadie te enseñó a tocar –le dije mientras me levantaba porque Diego empezó a llorar. –Anoche, te metiste a la oficina del señor Solaires, ¿què sacaste? –cuestionó –. Dámelo antes de que se de cuenta. –No me he llevado nada –contesté –. Te lo aseguro, puedes revisar mi dormitorio si quieres, ¿Cómo sabes que fui a su oficina? –Por las cámaras. –Ah si. Las cámaras, creo olvide ese detalle. –Ah si, es todo lo que dirás –reclamó –. Tienes suerte que el vigilante sea amigo mío y me haya llamado, le tuve que inventar una historia sobre sonambulismo y luego que el señor Smith seguramente te despertó, al menos no hay

