Entramos en la sala de cirugía, las luces eran mucho más intensas y de inmediato me incomoda. Cerré los ojos. Buscando algo de calma. Mis nervios eran tan fuertes que no encontraba como sentirme mejor. Solo pensaba y pensaba. Mi mente se iba al momento de despedida con Esteban, giraba y llegaba a los recuerdos de las series de embarazos que vi todo este tiempo. Algunas veces también las cesáreas. Los rostros de los médicos y el temor de las mujeres sobre la camilla. Toda la música dramática, las miradas en suspenso. Y finalmente, el llanto enérgico del bebe. Y el momento hermoso en que lo acercan al rostro de la mamá . Quería pasar por alto todo lo anterior y detenerme solo en el momento en que puedo besar el rostro pequeño y demasiado tierno de mi príncipe. Este amor mío que sin verlo, y

