Su mirada estaba fija en el suelo. Mientras estaba de pie en la sala de examen con nada más que una bata de hospital esperando pacientemente mientras su propia líder y maestra la examinaba, la flor de cerezo de cabello rosado del pueblo parpadeó. Su mirada triste y solitaria se clavó intensamente en el suelo, permaneció en silencio, sin que un sonido saliera de sus labios, hasta que el poder de su maestra entró en su cuerpo y la hizo jadear. Era cálido y reconfortante, y no pudo evitar creer que Gloria estaba haciendo un esfuerzo para hacerla sentir cómoda. Sin embargo, parecía en vano, ya que la joven no podía apreciar el gesto. Dejó que la energía fluyera a través de ella, tocándola de una manera más íntima que cualquier otra persona. Incluso su padre. Incluso... Suspirando, Gloria

